Felicidades, pequeña saltamontes

jueves, 1 de diciembre de 2016
"Para mi pequeña saltamontes, Buzzys, felicidades, que cumplas taitantos más y, ojalá, que yo los vea junto a ti, como estos dos últimos cumpleaños".

A un amigo

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida,
ni tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlo contigo.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.

No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

No puedo trazarte limites dentro de los cuales debes actuar,
pero si te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón,
pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días oré por ti...

En estos días me puse a recordar a mis amistades mas preciosas.
Soy una persona feliz: tengo mas amigos de lo que imaginaba.
Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran.
Es lo que siento por todos ellos.
Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.
Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos,
sea en la alegría o sea en la serenidad.

En estos días pensé en mis amigos y amigas,
entre ellos, apareciste tú.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el número uno ni el número final.

Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad que
transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida.

Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.

Entonces entendí que realmente somos amigos.
Hice lo que todo amigo:
Oré... y le agradecí a Dios por ti.


Gracias por ser mi amigo.

Autor: Jorge Luis Borges

"¿Qué pasó con los sentimientos de papel?" (Carta 11)

miércoles, 30 de noviembre de 2016
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                                                                                            Un atardecer cálido

Querida Elisa,

Aprovecho para escribirte antes de que se vaya el Sol. Aún no me acostumbro a escribir a la luz de las velas. No iluminan lo suficiente como para que resulte cómodo a la vista.

He recibido hoy tu carta. Y al leerla esta mañana, no he podido evitar que los ojos se me llenasen de lágrimas. La foto con la peque es preciosa. Pero el verte... después de tanto tiempo sin poder ver tu cara... Has adelgazado desde que me fui y tienes unas ojeras profundas que rodean tus grandes ojos negros que tanto echo en falta. Esos ojos con los que analizas todo de una manera diferente al resto del mundo.

¿Recuerdas aquella primera noche cuándo quedamos a solas? Antes siempre habíamos quedado con nuestros amigos, pero aquel día de Diciembre estábamos tú y yo solas. Te llevé a beber batidos y luego tú decidiste aquel inmenso parque lleno de pinos, dónde nos besamos por primera vez. Recuerdo que al despedirnos, mi amiga Carlota me preguntó de qué habíamos hablado. Recuerdo... que no supe contestarla, yo solo tenía en mi mente tus preciosos ojos negros con tu impresionante mirada.

Espero que estés durmiendo bien, se te ve cansada... Necesito que te cuides, Elisa. No puedo siquiera pensar en que pudiese pasarte algo, el cielo se me cae sobre los hombros cada vez que pienso en ello. Por unos segundos me quedo sin respiración antes de que las niñas me vuelvan a hacer aterrizar en el suelo. Cuídate, Elisa, por favor, cuídate. Antes de escribirte a ti, he escrito a mi madre, pidiéndole que te mande de vuelta a casa. Sé que a ellos no les importará tener a María una semana. Y eso te permitirá descansar.

Esta vez no he tenido tiempo para mandar una foto a María y que la añada al gran mural que debe estar formando, pero le envío un cuento que hemos escrito las niñas y yo en clase de lengua.

Que no se te olvide notificarme cualquier cosa que pase en el médico, no entiendo porqué te hacen una revisión tan cercana a la anterior. Y aunque me digas que no me preocupe, no puedo evitar sentirme intranquila al saber que vas a aquella maldita clínica sin mí, acompañada solo de tu amigo Sergio.

Hoy he vuelto al río con las niñas, nos hemos bañado durante horas y hemos salido todas como garbanzos. Nos vayamos con vestidos y hemos salido empapadas del agua, así que para secarnos hemos bailado una canción que me enseñaron las niñas hace un par de días. Todas tienen voces preciosas, cada una a su ritmo y las compenetran de una manera increíble. Es un auténtico placer escucharlas y me recuerda a cuando las tres cantamos en la cocina, mientras preparamos la comida, o cuando vamos en los viajes en coche.

La verdad es que estoy agotada, no sé como ellas no paran, son incansables. Mientras te escribo, están cantando en el patio, mientras hacen una corona de flores. Mañana quieren celebrar el día de las novelas. Ya hemos leído las cinco que me traje y me he quedado sin novelas, así que el examen de mañana será práctico, representarán sus partes favoritas entre todas. Y luego debatiremos sobre ellas. Por supuesto, lo de las coronas de flores ha sido idea suya, son maravillosas. Me gustaría teneros aquí y compartir esto con vosotras.

Desde aquí os mandamos toda la clase un beso muy grande,

                                                                                                  Diana.

P.D: Dile a María que deberá encargarse ella de hacerle los dibujos al cuento que le mandamos. Y dale un besito enorme. Os quiero.


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       Continuará...

Escrito por Buzzys

                                                                                                  


El mundo se va a la mierda

lunes, 28 de noviembre de 2016
Estoy cansada de oir siempre la misma frase. Todo el mundo usa esa frase, la típica frase de "El mundo se va a la mierda".

Lo siento amigos y amigas, pero esa frase no es correcta. El mundo no es quién se va a la mierda, somos cada uno de nosotros, con nuestros prejuicios, modas y demás, los que estamos haciendo que se vaya a la mierda. Porque nos preocupamos más por caer bien al mundo, que por lo que es mejor para nosotros, o con qué nos sentimos mejor.

En lugar de hacer del mundo un lugar mejor, de hacer que la gente se una más, se lleven bien, nos dedicamos a hacer que una persona, que pesa más de lo que creemos que deba pesar, sea una gorda. Que una chica que le guste el fútbol, tenga complejo de chico. Que si hay un gay o lesbiana, tienen una enfermedad. Que si un niño es distinto al resto, hay que hacerle bullying. Que si una persona de otra raza hace algo mal, se juzga por ello a toda su raza.

Por todas esas cosas, yo os pediría al "mundo" que os dieran ojos. Ojos para ver todo lo que estáis haciendo por prejuicios, o dejándose llevar por el resto. Ojos para que os percatéis de que os estáis robando a vosotros mismos la vida, porque actuáis, decís, hacéis... todo lo que alguien ha decidido que tenéis que hacer. Porque no estáis haciendo lo que os dice el corazón. Porque habéis dejado de escucharlo por hacer lo que os mete en la cabeza la sociedad. Porque "el mundo no se va a la mierda", la realidad es que "hacemos del mundo una mierda".

Os deseo de corazón, que os den ojos para que veáis todo lo que nos estamos cargando. Todo lo que no estamos valorando, todo lo que nos estamos perdiendo, todo lo que estamos mandando a la real mierda, y no por culpa de la sociedad, no nos equivoquemos, sino por nosotros, por dejarnos manipular por todo.

¡ABRAMOS LOS OJOS, POR FAVOR!

Escrito por Srtadesquiciada

Relato "Un café y un polvo" Parte 14 (Capítulo 43)

jueves, 24 de noviembre de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 42       "Un café y un polvo"

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PARTE 14. ABRÁZAME Y QUE EL MUNDO SE VAYA A LA MIERDA.
CAPÍTULO 43. DÍAS DONDE SE PIERDEN Y SE GANAN SUEÑOS.

"A lo lejos suena algún músico, soñando con un escenario, tocando a la luna mientras el cielo se tiñe de nubes grises, mientras sueña con conocer la luz del Sol. Un móvil suena desesperadamente en una mesa, rodeado de papeles que no llegan a ningún sitio; hojas blancas que sueñan con fundirse con la tinta de algún que otro boli despistado, que sueña con acariciar la mano de alguien que llora frente a un televisor, mirando una película de amor romántico. Soñando con ese hombre casado que conoció hace dos meses. Ese hombre que duerme junto a su esposa, mientras sueña con su secretaria. Secretaria, que sueña con la mujer que llora mientras duerme junto a su marido.
A tres calles de aquí, hay una madre que saca un pastel del horno, mientras sueña con poner una pastelería. Mira a su hijo, meterse un gran trozo de tarta en la boca, que sueña con aprobar el examen de matemáticas que tiene mañana. Hay un suspiro que se escapa de la boca de esa señora sentada en el parque, a la vez que sueña con encontrar algún remedio que solucione sus pulmones rotos. Y una adolescente pasa corriendo, soñando con un cuerpo de  diez kilos menos. Hay un perro que pasa por allí, soñando con encontrar una familia que, por fin, le quiera. En la plaza que se ve al fondo a la derecha, hay lágrimas que sueñan con escaparse de la prisión de los ojos, melenas que sueñan con balancearse con el viento, sonrisas que sueñan con ver la luz. Hay un teatro, que llamamos vida, que sueña con hombres que empiezan a vivir sus sueños. Y mirando por la ventana, un alma sueña, deseando recomponer un nuevo mundo.  
A lo lejos... suena un músico..."

ALBA
Por fin logramos dormir al torbellino de Almu. Desde que llegamos a casa, no paraba de recordarnos la batalla de almohadas. ¡Para que mierda diría yo esa gilipollez!
Hicimos dos equipos. Cómo no podía ser de otra forma, Lu y Martina estaban en el equipo de las tontainas, y Almu y yo en el de las guays. A Almu le encantaron los nombres, pero a mis enemigas no les agradó mucho. Hicieron un pacto para lincharme sin un ápice de piedad. Terminaron las tres encima de mí, dándome con las almohadas en todos los sitios posibles. Almu se equivocaba de bando cada dos por tres. Decía que era más divertido pegarme a mí, porque iba tras ella, la cogía de la cintura, la alzaba y le hacía pedorretas.
Estaba realmente cansada. Fue un día bastante intenso, y esto ya lo remató. Lu cogió en brazos a Almu, que se quedó dormida en el sofá, y subió con ella hacia su habitación. Era la que había preparado para Martina, aunque terminaba siempre durmiendo en mi cama. No por los motivos que todo el mundo pensaría, ¡ojalá! Muchos roces, tocamientos, calentones, pero… nada de nada. Martina tenía pesadillas cada noche, y tenerla entre mis brazos parecía que la calmaba.
Ella estaba arriba, poniéndose el pijama, mientras que yo me encontraba sentada en el sofá, terminándome de fumar el porro.
Vi cómo bajaba las escaleras para dirigirse a la cocina. Después cogió algo del salón. Se fue al pasillo y, a continuación, a no sé cuántos sitios más. Esta mujer no se estaba nunca quieta. Opté por dejar de observarla, cerrando los ojos y acomodándome, en el sofá.
Estaba adormilada cuando sentí un leve roce en mi cuello. El olor de Martina inundó todo el salón, era inconfundible. Sonreí mientras continuaba con los ojos cerrados centrándome en sus cálidos besos. Estaba detrás de mí, apoyada en el respaldo del sofá.


-¿Estás tierna esta noche?
-¿Yo? No. No sé por qué lo dices.- Sus besos continuaron recorriendo mi cuello. Sus manos se colaron por debajo de mi camiseta, acariciando mi pecho y bajando a mi tripa, estremeciéndome entera. Solo con eso ya me tenía supercachonda.
- Martina, como sigas así, no sé cómo vamos a terminar, te lo advierto.
- ¿Es una amenaza?
- No, es una advertencia. Estoy muy cachonda y podríamos llegar a mayores.
- No sería mala idea - le escuché una risita que me hizo abrir los ojos y verla con expresión de deseo.


Salté por encima del sofá, para colocarme a su lado, sorprendiéndola. La agarré de la cintura acercándola a mí y la devoré la boca. Su sorpresa le duró medio segundo, porque su boca no tardó en entreabrirse y dejar paso a mi lengua. Me encantaba su sabor. Mi lengua invadió todo lo que se le ponía a su paso, empujándola hacia la pared del salón. La acorralé entre esa pared y mi cuerpo. Le mordí el labio inferior, mirándola directamente a los ojos. Esos ojos que me pedían más. Le sonreí mientras suspiraba.
Nos teníamos tantas ganas, que ni me di cuenta que ya estábamos casi desnudas. Nuestras manos fueron más rápidas que nuestras mentes.


- Espera. ¡Las niñas…! - dije separándome ligeramente.
- Tienen la puerta de su habitación cerrada, y yo he cerrado la del salón.
- Ya veo que lo tenías todo planeado.- una sonrisa se dibujó en sus labios.


Volví a la carga con ella. Seguí besando su boca, pero mi mano derecha descendió para rozar su sexo entremedio de sus bragas. Noté que las tenía húmedas, y el calor que irradiaba era increíblemente sensual. Introduje dos dedos entre sus bragas y le acaricié el clítoris ya excitado. Me respondió con el primer gemido de muchos en esa noche. Eso me puso mucho más cachonda, y el verla balanceando sus caderas buscando más roce, me hacía desearla hasta extremos insospechados.
Me puse de rodillas ante ella, bajándole de un tirón sus bragas. Las rompí por la parte derecha, no le importó. Yo no aguantaba más. Me la quería comer entera, beber de su néctar, lo quería todo de ella.
Se abrió para mí. Esa imagen me puso la piel de gallina. Era maravillosa. Me acerqué a su sexo y la devoré. Estaba muy mojada, me encantaba verla así. No cesaba de mover sus caderas y de abrirse cada vez más. Sus gemidos iban aumentando, aunque intentaba controlarlos para que no la pudieran oír mis hermanas.
Comencé a recorrer sus pliegues con la punta de mi lengua, muy lentamente. Eso la puso en tensión. Sabía que quería má, y más rápido. Me gustaba tenerla con esa tensión. Continué, acompañando mi lengua con mis dedos índice y corazón. De arriba a abajo, de abajo a arriba, zigzagueando en su clítoris… Estuve a punto de introducirme en ella. Mis dedos se quedaron en su apertura.


-Deseo estar dentro de ti, Martina. Quiero hacerte mía.- Le dije mientras le miraba desde abajo, esperando alguna respuesta. Ella movió las caderas, buscando que mis dedos la penetran, a modo de respuesta.
- ¿Estás segura?
- Hazlo. Hazlo, Alba.- su tono impaciente acentuó el deseo que sentía en ese momento.


Aunque este momento era lo que más deseaba, no me esperaba que me pidiera que lo hiciera. Me quedé un instante petrificada, perdiéndome en sus ojos y en esa sonrisa que me invitaba a seguir.
Martina, como siempre, me sacó de ese ensimismamiento. Sus manos agarraron mi rostro tiernamente, y me hizo levantarme para estar frente a frente. Se acercó y me lamió los labios, las comisuras, la barbilla. Estaba impregnada de ella, y a ella le gustaba su propio sabor mezclado con mi boca.


-Quiero sentirte, Alba.


Casi no terminó esa frase, cuando me introduje en ella, lentamente. Mi dedo corazón fue conquistándola, resbalando en su humedad.


- ¿Estás bien? - Asintió con la cabeza.- ¿Te hago daño?


Un gemido se escapó entre sus labios y negó levemente con la cabeza. Con un pequeño empujón, entré más al fondo. No dejaba de mirarle a los ojos. Quería ver que estaba bien, que lo deseaba tanto como yo, y que disfrutaba. Se acercó a mi oído. Sus gemidos empezaron a ser más profundos y continuos. Me arrimé a ella todo lo que pude, quería que se sintiera protegida, que sintiera todo el calor de mi cuerpo y que no temiera dejarse llevar.


-Ya eres mía, pequeña. Muévete un poco más. Quiero ver como te corres en mi mano.


Martina obedeció. Su pelvis se movía al ritmo de mi dedo. Yo lo movía dentro haciendo círculos, rozándola, haciendo que me sintiera bien dentro de ella. Fui acariciando esa parte tan sensible, y que poco a poco te va subiendo a lo más alto. Se agarró fuertemente de mis hombros, el movimiento de sus caderas fueron aumentando su ritmo, y su respiración agitada, me indicaba que estaba a punto de llegar. La volví agarrar fuertemente de la cintura, para que me sintiera mucho más, empujando uno, dos, tres veces más…
Un leve grito me hizo saber que estaba a punto del abismo.


-Córrete, Martina. Córrete en mi mano.


Ella inclinó la cabeza hacia atrás. Sentí como su cuerpo se tensaba, como sus caderas se movieron hacia delante, como me clavaba las uñas en los hombros… ¡Por fin! Ese grito de placer intenso, me cruzó todo el cuerpo. Veía como Martina, totalmente en tensión, disfrutaba de ese orgasmo. Era lo más maravilloso del mundo, verla a ella disfrutar de esta manera. Todavía continuaba dentro de ella. Comencé a mover el dedo muy lentamente, quería que disfrutara al máximo de este momento. Su cuerpo fue relajándose poco a poco. Comenzó a temblar y se  abrazó a mí. Yo me salí de ella y le abracé también. La besé intentando que se sintiera protegida, arropada, querida, amada…


- ¿Estás bien?
- Sí.- en un rápido movimiento, que me pilló totalmente desprevenida, me colocó entre su cuerpo y la pared y volvió a besarme, un beso ávido de placer y lujuria.

Estuvimos durante horas, besándonos, acariciándonos, lamiéndonos... Y entre orgasmo y orgasmo, la luz del alba empezó a despuntar por el horizonte, ajena a nosotras.


LUCÍA
Me metí el trozo de manzana en la boca, me había acostumbrado a estar con Alba, llevábamos allí ya una semana; aunque cada día iba a ver a mi madre y pasaba la tarde con ella.
-¿Tienes galletas? - tenía hambre de galletas continuamente, de todo tipo de galletas, con cualquier forma o color. Me moría por galletas.
Alba se movía por la cocina mientras yo la observaba. Almu y Martina aún dormían, yo me había levantado en cuanto el Sol había entrado por la ventana y estaba desayunando con Alba.
-Tengo galletas de esas de mantequilla. A Martina le flipan - puso los ojos en blanco, como indicando que eran tonterías de ella, obviamente a Alba no le gustarían. - ¿Quieres de esas?
-Sí.- me encantaban esas galletas, se deshacían en la boca. Alba me acercó una caja y enseguida cogí una y me la metí en la boca como una posesa.- Mmm… dios, qué rica...
-¡Sí que tienes hambre! - sonrió y se sentó frente a mí con su tazón de Colacao bien frío.
-Están demasiado buenas…- dije mientras me metía otra en la boca.
-¿Estás completamente segura de lo que vas a hacer, enana? - lo de ir directamente al grano era algo intrínseco a Alba. No había cambiado.
-No podría criar a un niño ahora… no estoy segura de nada a decir verdad, pero creo que es lo mejor.- me removí en la silla y noté como los nervios hacían de las suyas y se instalaban en mi tripa.
- ¿Y Marcos que opina de todo esto?
-Es Manu.- me comí otra galleta.- Y me importa una mierda lo que opine, por mí se puede ir a tomar por culo.- mi mano voló de nuevo hacia la caja, cogiendo una galleta, esta vez de forma de corazón, refunfuñé y me la metí en la boca.
-A mí también me suda la polla como se llame el imbécil ese, la verdad. Y más aún cuando ya veo que se ha escaqueado de todo el problema. Supongo que mucho buscarte para tener la polla bien caliente y después no quiere saber nada.
-No se ha escaqueado. Le he echado yo.- cogí la caja y la puse frente a mí, no paraba de meterme galletas en el cuerpo.- Él sabía que se había roto el condón. Lo sabía y se calló como un cabrón. - el cuerpo me temblaba de rabia al recordarlo.
-¡Me cago en la puta! Qué hijo de puta. - asentí.- Te advierto que no quiero encontrármelo ni conocerlo porque lo estrangulo con su propia polla.
-Shh… tranquila. Todo saldrá bien.- cogí su mano y la acaricié con los dedos, mientras sonreía a Alba.- ¿Nos vamos?
-Mejor. Pero deja la caja de galletas en la mesa, hazme el favor - me hizo burla.


La clínica estaba a unos 35 minutos de casa de Alba. Mi cuerpo se revolvía en el asiento y los nervios se instalaban en mi garganta, dándome ganas de vomitar. El viaje se me hizo demasiado corto, quizá porque quería evitar aquel viaje. Alba me sonrió y me cogió de la mano, yo cogí aire. Estaba nerviosa, muy nerviosa. Había llegado la parte difícil, iba a resolver el problema. El problema desaparecería y no tendría que preocuparme más. El coche paró y vi como Alba apagaba el motor. Inspiré lentamente y expiré soltando el aire poco a poco por la boca, intentaba calmar a mi cuerpo, ¿o intentaba calmarme a mí? Supuse que sería una mezcla de ambas. Salí del coche.


- Tranquila. Todo saldrá bien - dijo mi misma frase mientras me guiñaba un ojo.


Aquello era inmenso, sentí que el pavor hacía que las piernas me temblasen y que quisiera salir huyendo de allí. Percibí el tacto de Alba en mi mano y un pequeño apretón. Eché a andar como una máquina. Una vez dentro, con todo de color blanco y aquel olor típico de esterilizante hizo que mi cuerpo entrara en alarma pidiendo que echase a correr. Alba hablaba con la enfermera que atendía para las citas. Yo estaba muerta de miedo, no podía prestar atención a nada de lo que decían.
Alba me guió a una salita y nos sentamos en unas sillas de colores. Era extraño porque había colores por todas partes y a mí solo me parecía tremendamente tétrico.
Miré a mi alrededor, había cinco chicas más, algunas acompañadas por mujeres que parecían sus madres, otras por chicos que supuse serían sus novios. Todas hablaban con su acompañante, yo no era capaz de pronunciar palabra.
Detecté una máquina de agua en la esquina de la salita y mi cuerpo protestó por mi boca seca. Me levanté y avancé hasta allí, me movía como una autómata. Llené un vaso de agua fría y me lo llevé a los labios. El agua recorrió mi cuerpo y noté una sensación de alivio. El agua… el frío… el alivio… miré hacia mi tripa plana.
Lo que hubiese allí jamás podría probar el agua, no podría sentir el frío, ni el alivio. No sabría lo que son los nervios o las noches con insomnio. Ni sabría cómo huele una rosa y porqué es diferente de un lirio. Nunca se tumbaría en el césped a mirar el sol notando la brisa en su piel. No se le pondrían los pelos de punta ni bailaría bajo la lluvia. Nunca vería el mar, ni se tomaría un chocolate caliente un frío día de invierno. No haría un muñeco de nieve, ni buscaría la zanahoria perfecta que le hiciese de nariz. Nunca daría un primer beso ni sentiría mariposillas en la tripa. No sabría lo que es taparse con la sábana para que no te cojan los pies. Ni todo lo que llega a reconfortar un simple abrazo. Nunca sabría cual es el color de sus ojos o si era niño o niña. Nunca me llamaría mamá ni acudiría a mí… nunca bebería agua en un hospital solo porque está nervioso…
Vacilé y di un paso hacia atrás.
-Lucía Najár.- un médico y bata blanca miraban hacia la salita. ¿Y si aquel bebé quería ser médico? ¿Y si quería hacer grandes cosas? ¿Y si el día de mañana era capaz de salvar la vida a alguien? ¿Y si se enamoraba? Yo le iba a quitar lo único que tenía, una oportunidad. Pero yo siempre daba oportunidades…
Vi la puerta de la salita y me dirigí hacia allí, andaba rápidamente, recorría allí que hospital como alma que lleva el diablo. No, yo no le quitaría su oportunidad. No paré hasta que estuve fuera y de nuevo el aire limpio volvió a llenarme los pulmones. Escuchaba a Alba gritar mi nombre por los pasillos mientras corría por ellos tras de mí. Se paró a mi lado. Notaba que me miraba de reojo, sin atreverse a decirme nada. Creo que lo que quería es que supiera que ella estaba allí, conmigo, sin más. Nada de preguntas, ni de recriminaciones.


- No puedo. No puedo, Alba.
- Shhh, tranquila. Vamos al coche.


Me dejó boquiabierta cuando me dio un fuerte abrazo, quedándose así bastante tiempo, que seguro que para ella fue eterno.
Nos dirigimos al coche y una vez dentro de él, me cogió de la mano y así nos quedamos varios minutos, sin hablarnos, sin mirarnos.


-¿Qué hacemos? - rompió ese silencio que me estaba resultando incómodo. - Lo que decidas estará bien, ¿ok?
-No quiero abortar…- el cuerpo aún me temblaba por el momento que acababa de vivir.- Quiero darle una oportunidad…
- ¿Oportunidad? Pero si ni siquiera es… - la vi como sostenía fuertemente el volante para no explotar. Ya me extrañaba que todo fuera tan fácil con ella. Pero me enternecía ver como intentaba controlar su genio por mí.
-Puedo darlo en adopción. Es una buena opción.
-¿Y estar jodida nueve meses?
-Bueno… en realidad… ahora ya son ocho.- dije sin poder evitar una sonrisa. Ella me la devolvió
- Eso es cierto. Aunque… ¿tú no eras la que estabas fatal en matemáticas? La evolución del ser humano es infinita - rió intentando contagiarmela
-Hasta ahí llego… y… Manu me ha estado dando clases, estoy sacando notables…- pensé en Manu, si iba a tener aquel… bueno, eso. Él debía saberlo, al fin y al cabo, también era suyo...
- Ya veo que, el Marcos ese, te ha dado clases de varias asignaturas . Lástima que el tema del sexo seguro se lo saltase.
-Alba… ¿Me llevas a su casa? Si no te ves capaz puedo pedírselo a Martina…- debía hablar con él y prefería hacerlo con alguien que… me apretase la mano. ¿Cómo se le dice a alguien que va a tener un hijo?
- ¿Capaz? Pues claro. ¿Por quién me tomas? Y también soy capaz de cruzarle la cara como se pase lo más mínimo. ¿Dónde vive el gilipollas ese?
-Manu, se llama Manu. Y no quiero que le trates mal, ni nada de eso. Por favor…- me abroché el cinturón y sonreí. Noté que los nervios ya no estaban. Recordé a mi tío, siempre decía que si los nervios desaparecen es porque has tomado la decisión que tú crees correcta. Estaba contenta, aunque fuera a tener una tripa que me doblase el tamaño… el problema dejaría de estar y el niño tendría una oportunidad. Ambos salíamos ganando.


MANU
Volví a dejarle otro mensaje en el móvil . ¿Cuántos llevaba ya si contaba también con todos los del día de ayer? ¿Treinta? ¿Cincuenta? Siempre apagado o fuera de cobertura. Los mensajes del whatsApp, todos sin leer. Lo que no quería era ir a su casa. No sabía si su familia sabía algo o no y tampoco quería añadirle más problemas al gran problema.
Mi madre no me dejaba tranquilo. Cada dos por tres entraba a mi cuarto preguntando qué me pasaba que no salía de allí.
La verdad, no quería salir de mis cuatro paredes hasta no saber de ella. Quería saber donde estaba. Pedirle mil millones de veces perdón. Ir con ella a la clínica, estar con ella en estos momentos.
Es que no se puede ser más estúpido. Todo lo hago mal. Tendido en la cama, no dejaba de dar vueltas en ella. Impaciente, nervioso. Tocándome el pelo, despeinándome, como siempre que los nervios invadían mi cuerpo.
Volví a sentarme en la cama y tecleé de nuevo el teléfono de Lu. Apagado. Me sentía inútil e incapaz de pensar que esto ya no tuviera solución posible. Y eso me desquebrajaba por dentro. Cómo yo perdiera a Lu me moriría. ¡Es que no! Me negaba a pensar que esto terminase así, sin tan siquiera dejarme hablar por última vez, que ella, que presume tanto de dar oportunidades, no me diera otra oportunidad.


-Manu, es Lucía. Dice que te está esperando abajo.


Hasta el móvil se me cayó al escuchar a mi madre. La cama parecía que me quemaba del salto que di. Corrí a la puerta, no antes de estamparle un sonoro beso en la mejilla a mi madre.


-Te quiero muchísimo, mamá. Me voy con Lu, no sé si vendré a comer.
-¡Manu, por el amor de dios! Péinate esos pelos. Si yo ya sabía que todo eso que te pasaba era mal de amores - oí su risa. Me acicalé lo que pude los pelos con los dedos antes de abrir la puerta
- Es que las madres sois muy listas.


Abrí y salí como un rayo a la calle cerrando tras de mí la puerta, no quería que mi madre pudiera enterarse de algo. Miré a izquierda y derecha buscándola. No veía nada.


-Manu.- Lu me tocó el hombro, parecía que había salido de la nada. Iba acompañada de una chica con aspecto de chula, con la que habría evitado cruzarme y que iba vestida entera de cuero.
-Lu, cariño. Llevo todo el día llamándote. No sabía nada de ti y quería explicártelo todo bien.-Ella levantó la mano, indicándome que me callara.
-Alba, este es Manu. - dijo mirando a la chica que le acompañaba.- Manu, ella es Alba, mi hermana. - Di inconscientemente unos pasos hacia atrás. Lu me había hablado de ella. La verdad, no sé por qué tenía que venir escoltada.
- Hola, encantado - fui a saludarla con dos besos pero se apartó de inmediato.
- Hola, capullo.
- Ehhh… bueno… - no sabía que hacer ni que decir. Su reacción me había cogido de sorpresa.
-Alba…- Lu miró a su hermana levantando una ceja. Luego se dirigió a mí.- Perdónala, está nerviosa.- hizo una pequeña pausa.- Tengo que hablar contigo. Es importante...
- ¡Nerviosa dice! Já. Anda, suéltaselo así… de sopetón, como él hizo contigo al decirte lo del condón roto. A ver si ahora se entera de cómo te sentiste tú al decirlo así. Me voy a reír en su cara.
-Bueno, ya. - Lu fue tajante. Seguía teniendo aquel carácter suyo, a pesar de la palidez y de las ojeras. - Verás, Manu…
- Lu, ¿me lo puedes decir estando a solas? Por favor. - No me gustaba como me estaba mirando su hermana. Me daba miedo.
-Claro, paseemos. Alba, ¿podrías esperar en el coche?
- ¿Estás segura, pequeña? Yo le doy dos hostias y te lo dejo como un guante.
-Sí, tranquila.- la sonrió.- Hoy no vamos a necesitar los puños.
- Lo puedo hacer con la mano abierta, eh.
-Alba…- le dió un beso en la mejilla y echó a andar en dirección contraria a su hermana.- Verás Manu… Ha habido un giro inesperado.- miraba hacia adelante, mientras el viento movía el vestido azul cielo que llevaba. Vi como su hermana se apoyaba en el coche y la seguí. No me gustaba nada su hermana, y menos que me amenazara en mi propia cara. ¿Qué puñetas le había hablado Lu de mí para que me odiara de esa manera?
- ¿Giro? ¿Qué clase de giro? ¿Te encuentras bien, Lu? - Volví a mirar hacia atrás, quería asegurarme que Alba se encontraba bien lejos de nosotros.
-Eh… sí, sí. Yo estoy bien. - se calló mientras miraba los árboles de la calle.
- A ver, Lu. Reconozco que lo hice mal, pero no tenías que venir con un orangután para que te hiciera de guardaespaldas.- se giró a la velocidad de la luz y cogiéndome de la camisa, me pegó contra la pared mientras sus ojos relampagueaban.
-Vuelve a llamar a mi hermana orangután.
- Disculpa.- Su reacción me había pillado desprevenido. Hubo un gran silencio. Vi como Alba se ponía en tensión con intención de acercarse hacia nosotros, pero Lu le hizo un gesto para que se quedara quieta - No quiero que me dejes. Lo arreglaremos. Verás cómo lo solucionamos juntos. - Esperaba alguna reacción por su parte, algo que me indicara que estaba de acuerdo con lo que le acababa de decir. No hubo respuesta - Yo… En fin, Lu. Yo he buscado por internet. He hecho un listado con algunas clínicas y he preguntado precios. Tengo dinero ahorrado y no habrá ningún problema. - Seguía sin contestar. Su mirada al frente y suspirando - ¡Joder, Lucía! Lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Al menos, podrías contestarme.
-Si tuvieras que elegir un momento en el que fueras realmente feliz, ¿cuál sería?
- Cuando estoy a tu lado. No tengo ni que pensarlo. Es cuando realmente me siento feliz.
-Exacto… - se quedó callada.- ¿Sabes por qué puedes sentirte feliz?
- ¿Es pregunta trampa? - la abracé. No sé por qué lo hice pero fue lo que me pidió el cuerpo en ese momento.
-Porque vives… - ignoró mi pregunta. No se apartó de mi abrazo, pero se giró. Quedando abrazados mirando la calle.- Y vives porque tu madre dejó que estuvieras nueve meses en ella… - Mis manos bajaron a su vientre acariciándoselo. -No voy a abortar, Manu.


Me quedé sin respiración. Seguí con mis manos en dónde se encontraría ese ser diminuto a quien Lu había decidido dejarle vivir. Desvié la mirada a su hermana, que estaba tensa y mirando cualquier movimiento que yo hiciera. Me hizo quedar más en tensión y querer mirar a Lu. La volteé y la hice ponerse cara a cara a mí. Nos quedamos mirándonos. Yo le transmitía mi miedo, mi angustia, mi pavor a todo lo que vendría ahora. Pero ella, como siempre, me transmitía su seguridad, su valentía, su confianza en el presente.
- ¿Estás segura que esto es lo que quieres que hagamos? - le quise recalcar que lo haríamos juntos.
-Es lo que quiero yo. He pensado darlo en adopción. El hecho es, que quiero que viva.
- Estaré contigo en todo. Te quiero - lo sellé con un beso en sus labios. Un beso sincero, un beso que suplicaba perdón y, a la vez, una nueva oportunidad para seguir juntos.




MARTINA
-¿Está bueno?- Almu se metía cucharadas enormes de cola-cao con galletas en la boca, mientras la dimensión de sus mofletes aumentaba considerablemente. Ella asintió. - Mastica bien, no te vayas a atragantar, ¿eh?


Me senté en la encimera, mirándola, mientras daba mordiscos al melocotón que sostenía en mi mano derecha.


Lo cierto es que la pequeñaja era una niña preciosa. Siempre me he quedado embobada mirando a los niños pequeños, parece que viviesen en una burbuja feliz que los demás podemos observar pero no compartir. Vi como acercaba sus manitas regordetas a la caja de galletas de mantequilla que habían dejado allí Alba y Lu. Me bajé de la encimera y fui a acercársela.


-Pero solo una. ¿Vale?
-Tato hecho.- sonreí mientras ella cogía la que tenía forma de palmera, esas eran mis favoritas. Cerré la caja y fui a dejarla en el armario.
-¿Quieres algo de fruta?
-No. No me busta.- me giré poniendo la boca en forma de “o”.
-¿No te gusta? ¡Pero si es comida de princesas que luchan contra dragones!- Almu abrió los ojos y se llevó las manitas a la cara para taparse la boca, como si hubiera hecho el gran descubrimiento del siglo.
-¿De verdá?
-Sí. De verdad. ¿Quieres probar?- ella asintió, feliz.
-¡T´ayudo!
-Está bien.- la cogí en brazos y la senté sobre la encimera. Abrí la nevera, desde que había llegado allí, la nevera siempre rebosaba de frutas y verduras. Eché un vistazo a lo que había y terminé decantándome por unas fresas, estaba segura de que le gustarían, cogí cuatro. Miré la nata y dudé, cerré la nevera. Ya había tomado un tazón de cola-cao y galletas, tampoco quería empacharla. Abrí uno de los armarios y cogí otro tazón. Lo dejé junto a Almu con las fresas dentro.
-Padecen ádboles.
-Sí. Estas les encantan a las princesas guerreras.
-Podque son dojas.
-Exactamente, porque son rojas. ¿Las lavamos?- ella asintió. Yo abrí el grifo y Almu metió el tazón debajo del agua y después lo vació, habiendo cogido antes, como pudo, las cuatro fresas.
-¡Mamos a med!- se metió una fresa en la boca, puso mil caras raras mientras masticaba, y finalmente se dibujó una sonrisa triunfante en su rostro.- ¡Me bustan!
-¡Estamos aquí!- la voz de Lu llegó hasta la cocina y tuve que reaccionar a tiempo para que Almu no se tirara de la encimera, aún con la fresa en la mano. Alba apareció en la cocina.
-¡Boo!- Almu salió disparada hacia la puerta. Sonreí.
-¿Cómo ha ido?- Alba parecía cansada y no traía cara de buenos amigos.
- ¿Qué es lo que quieres escuchar? - se me acercó y me rozó levemente los labios con los suyos. Definitivamente no estaba de humor. La rodeé con mis brazos.
-No te preocupes.- le sonreí. Sabía que podría contármelo más tarde, cuando estuviera tranquila.
-¡Adma! ¡Voy a zer tía pomo tú!- Almu abrazó las largas piernas de Alba. Vi como Alba palidecía. ¿Tía? ¿Iba a ser tía? Miré a la entrada de la cocina, dónde Lu acababa de aparecer. Se encogió de hombros ante mi mirada interrogante. Era eso. No había abortado ni pensaba hacerlo. Miré a Alba, que estaba inmóvil, a mi lado. Joder…
-¡Vaya, qué suerte, mocosa! - la cogió en brazos.- ¿Ya te lo ha chivado Boo? Es que tiene la lengua muy larga. Habrá que cortársela, como también habría que cortársela al capullo ese.- Lu hizo una mueca de desagrado y miró a Alba.
-¿Vas a estar siempre así con él?
- Sí. Con lo fácil que hubiera sido decirte en el momento que estabais foll… - miró a Almu, que la miraba sonriente, y se contuvo - que se rompió. Sí. Seguiré igual con él.
-Vamos a dejarlo. Pasó y punto…
- Si las cuentas son correctas…- dije interrumpiendo aquella discusión.- ¿Estás de mes y medio?
-Creo que sí…
-¿Qué decía en los análisis? ¿O qué te dijo el médico?
-Un mes y tres semanas.- dijo Lu como si recitase algo que se había aprendido de memoria. Alguien debería hablar con ella, aquella niña explotaría de un momento a otro.
-¿Y no habría que hacer una revisión? O buscar un ginecólogo.- Alba miraba duramente a Lu, que se estremeció al escuchar lo que yo había dicho.
-Yo… No sé.- Lu se encogió de hombros.
- ¡Esto es increíble! - Alba dejó a Almu en el suelo, cogiendo nuevamente las llaves del coche.- Tengo que salir de aquí. Voy a arreglar unos asuntos ahora mismo. - El portazo que dio fue monumental. Miré a Lu, que enseguida empezó a llorar.




ALBA
Terminé de fumarme el porro mientras esperaba con impaciencia a que bajara ese imbécil.
Había regresado a su casa y le había pedido que nos viéramos para hablar. Yo, la verdad, me hubiera liado a hostias con él, pero, por Lu, intentaría, al menos, conseguir cruzar algunas palabras con ese cabrón.
Apoyada en el tronco de un árbol, intentando relajarme para no meter mucho la pata, pensaba cual era la mejor manera para decirle que me caía como el culo, que era una gilipollas y que cómo se escaquease de todo, lo buscaría hasta en el infierno y lo mataría allí mismo.
Pensaba en Lu, en mi Lu. Nunca pensé que llegaría la hora de verla mayor. Siempre había sido mi hermana pequeña, la que nunca crecería y a la que quería muchísimo y quiero.
Mis sentimientos no habían cambiado, ¿o sí? Ahora sabía que continuamente la habían violado, maltratado. Que, a sus pocos años, ya era capaz de ofrecerse a que abusaran de ella por defender a Almu. Que siempre ha estado sola. Que ha tenido el coraje de seguir viviendo, de luchar, de salir adelante. Sí, mis sentimientos sí habían cambiado. La admiraba. Yo a su lado era una cobarde de mierda. Yo huí. Huí de mi casa, de mi gente, de la vida. Para mí lo mejor fue eludir los problemas con las drogas, el alcohol y el sexo. ¡Qué tópico, verdad! Pero es lo que hice, y me funcionó. Pero eso no era vivir. Ella sí supo vivir, supo luchar y sobreponerse a ello. Ahora volvía a hacerlo, volvía a ilusionarse, a vivir. Se había enamorado de un capullo, eso no se puede controlar. Mira yo, jodidamente pillada por una niñata que, con solo una mirada, conseguía calmar a una bestia como yo. Y ahora, otro revés que le da la vida. No iba a permitir que la jodieran más.


Vi salir del portal al imbécil ese, miraba a ambos sitios de la calle buscándome. Le hice una seña para que se me acercara. Obedeció al instante. Me tenía miedo, eso era muy bueno.


-Hola, Alba - trató de acercarse a darme un beso. Lo aparté de un empujón en el pecho.
- Ni se te ocurra, capullo. Tú y yo tenemos que hablar.


Me dispuse a andar, suponiendo que me seguiría. Así fue. Pensé que era la mejor forma de no cruzarle la cara allí mismo y poder calmarme un poco.


-Alba, ¿le ha pasado algo a Lu? Dímelo sin rodeos y acabamos antes - se le veía nervioso, desconcertado. No cesaba de mover las manos, de mirarme de reojo, de morderse el labio. Quería verlo así, que sufriera, que sintiera esa angustia, aunque nunca sería comparable a lo que sentía Lu, pero, al menos, que se sintiese mal.
- Sí. Que le has dejado preñada. Jodidamente preñada, y solo tiene 16 años. Eso es lo que pasa - Mi vista al frente para evitar mirarlo. Sabía que si lo hacía acabaría estampándole contra algo.
- Bueno… sí… Cometimos un error pero…
- ¿Cometimos? - grité - ¿Cometimos, dices? Mira, cabronazo de los cojones, cómo empieces conmigo con mentiras te juro que no me contengo ni por Lu ni por nadie. ¿Me has entendido, gilipollas? - le miré a los ojos para que viese toda mi ira, dándole pequeños empujones en el hombro. Comenzó a temblar y a ponerse pálido. No sé por qué sentí pena por él. Quizás por Lu, no por él. Ella me había pedido que lo tratara bien, que era buen chico, que estaba enamorada de él. Eso no quitaba que fuera estúpido pero traté de contenerme por mi hermana. - Bueno… vamos a calmarnos - respiré hondo - A ver… capullo…
- Manu. Me llamo Manu.
- Eso… cómo coño te llames.
- Manu. Es Manu.


¿Se me estaba subiendo a las barbas como Lu? Mi hermana influía demasiado en las personas, tendría que hablar con ella muy seriamente. Se le dibujó una media sonrisa, parecía que leía mis pensamientos. Suspiré y me salió una risa tonta. Cómo hubiese encontrado la versión de Martina, pero en hombre, mi vida sería un tormento.


-Bueno, no me líes. He venido solo para preguntarte varias cosas…
- Sí, la quiero muchísimo. La amo. Voy a estar con ella siempre que me deje. Y sí, voy a estar junto a Lu en el embarazo. Todo lo que ella decida estará bien.


Joder con el capullo éste. Me había descuadrado completamente. No me esperaba todo lo que me soltó de pronto. En ese instante, me quedé en blanco, no sabía qué contestarle. Quería seguir odiándole pero había algo en él que… me estaba haciendo cambiar. No quería que lo notase.


-Me la sudan tus moñadas. No era eso lo que quería preguntarte.
-Ahh, perdona. Pues dime. Soy todo oídos. - se estaba relajando. No me gustaba que pudieran estar relajados a mi lado, me hacía sentir vulnerable.
-Deja de portarte así que te ganas una hostia. Quedas advertido - en vez de intimidarse, me sonrió. ¡Dios, otra Martina! - A ver, ¿eres así de gilipollas desde que naciste? ¿o al follar toda la sangre va a tu polla y ya no puedes pensar durante días?
- No te entiendo.
- ¿Por qué no le dijiste que se rompió el puto condón? Con la mierda de la pastilla del día después se podría haber solucionado todo.
- Yo… nunca pensé que pudiera ocurrir esto. Me puse nervioso. Solo lo hicimos tres veces. No pensé…
-¡Cómo si folláis como conejos y tienes la polla en carne viva! No me jodas, eh. Eso es de ser un cabronazo.
-Alba, te aseguro que yo, más que nadie, me lo digo una y mil veces - bajó la mirada como avergonzado. Lo sentí sincero.
- ¡Millones! Deberías decírtelo millones de veces y Lu recordártelo.
- Ella no es así - le vi una sonrisa estúpida de enamorado en su cara - Lu es… increíble. No podría describírtela. Me quedaría corto en mis palabras. ¿Seguro que sois hermanas? - levantó la vista y le oí una risa burlona. Le cogí de la camiseta y con la otra mano le enseñé el puño - ¡Tranquila, tranquila! Era solo una broma. Hey, tranquila, ¿vale? -me cogió el puño con sus manos. Me bajó lentamente el brazo, mientras sus dedos trataban de convertir ese puño en una mano de nuevo. Me la acarició. ¡Niñato de mierda! No tenía bastante con Martina, que tenía que encontrarme con su clon - Así está mejor - me palmeó la mano, ya calmada. Se la aparté en cuanto me di cuenta de los efectos tranquilizadores que este imbécil me producía.
- Yo sí podré describirte lo que te haré si dejas a Lu durante el embarazo. ¿Me has entendido, capullo?
- Manu.
- Para mí siempre serás un capullo.


MARTINA
Miré fijamente a Lucía, mostraba una entereza impresionante para una chica de 16 años.
-Lu, ¿Estás bien?- ella me miró a los ojos. Su mirada era brillante.
-Sí, sí. Estoy bien. Gracias
-Ya, claro. - Dejé el trapo de cocina que mantenía en la mano, sobre la encimera.
-¿Qué?
-Nada, nada.
-Di.- abrí la nevera y saqué varias cosas para hacer la comida.
-Que se nota que no todo está tan bien como dices.
-¿Alguna vez has querido tener hijos?- ignoró completamente mi respuesta. Admito que la pregunta me pilló de improvisto, lo medité unos minutos, ¿alguna vez había querido?
-No, la verdad es que no.- dije dando el bol con fresas a Almu, que alzaba las manitas para cogerlo de la encimera.
-Imagina que estuvieses embarazada.- asentí, mirándola, sin saber a dónde quería ir a parar.- ¿Qué nombre le pondrías al bebé? - un escalofrío me recorrió el cuerpo.
-Si fuera niño... me encanta el nombre de Yago.- miré a Almu zampándose las fresas.- Y si fuera niña... Cayetana.
-¿Cayetana?
-Sí, siempre me ha gustado ese nombre.- me encogí de hombros.
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