Relato "La fe escondida en tu mirada" (Capítulo 2)

martes, 17 de enero de 2017
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CAPÍTULO 2. EN ESTA VIDA SERÁS MI MUJER Y EN ESTA VIDA ME DARÁS UNA HIJA.

MARÍA

Mi corazón se iba a salir de mi pecho. Nunca pensé que podría recibir la noticia más grata de mi vida el mismo día que me enteré que la llama de mi existencia podría apagarse.

Mi tristeza se disipó, corrí, la abrecé con la ternura de siempre. Hilda era la mujer de mis sueños, era mía y ahora me daría un hijo, algo que planificamos y luchamos con tanto amor.

La besé y ya no pude contener mis lagrimas, simplemente era alegría y felicidad. Dios no me había desamparado, me mostraba que aún estaba ahí a mi lado. Comencé a ver a Hilda diferente. Miré su vientre, estaba igual, tan delgado y atlético, pero allí estaba nuestra Ligia Iveeth, así llamaríamos a nuestra hija.

Fugazmente, por un momento, volvió la realidad de mi estado de salud pero, la alegría de tener a la madre de mi hija en mis brazos, me llenó de esperanza y agradecí al Espíritu Santo por que el día en que yo faltara. Mi morena amada no estaría sola, quedaría con un pedacito de mi vida junto a ella, no todo era tristeza. Hilda me miraba.

- Aquí pasa algo más.- Me llevó al sofá y nos sentamos tomadas de las manos.
- Mi amor, lo que pasa es que hoy ha sido un día de sorpresas, unas gratas y otras no tanto, pero quiero que me prometas que la felicidad por nuestro embarazo no se terminará nunca.
- Te lo prometo.- respondió Hilda.- ¿Qué está pasando, mi vida?.
- Princesa, hoy recibí el diagnóstico de aquellos exámenes que me practiqué hace unas semanas. La noticia no es buena como la de nuestra Ligia. La verdad es... que padezco de cáncer de páncreas y necesitaré tratamiento para combatirlo.

Sentí como apretó mi mano, justo cuando vi sus ojos llorar. Aprecié como su corazón se estaba rompiendo. Enmudecida, Hilda no paraba de llorar, era tan fuerte que sus lágrimas corrían por su rosto pero ella no hacía ningún gesto. Cada lágrima dejaba una marca de sal que me hacia tragar amargo a mí.

Sabía que estaba desgarrada. Necesitaba que dijera algo, pero desde luego sabía que tardaría en asumir toda aquella tragedia. La abracé.

- Aún no me voy a morir. Así que vamos a celebrar la vida, porque en esta vida te conocí,  en esta vida serás mi mujer, y en esta vida me darás una hija.- La abracé y la besé como nunca antes la había besado. Quise darle todas mis fuerzas, todas mis energías.

Ella me correspondía el beso. Al inicio, con timidez pero luego con más pasión. Me tocaba, el rostro, los pechos, paseaba por mi cintura. Poco a poco fue metiendo sus manos en mi blusa y podía sentir sus dedos recorrer mi espalda para abrir mi sujetador y clavar sus uñas tal y como sabía que me enloquecía. En ese mismo instante, lancé un grito de placer y no soporté más ¡Tenía que poseerla allí mismo!
Quité toda su ropa con desespero. La ayudé a despejarme de la mía y, contra la pared de la habitación, la recorrí palmo a palmo. Comencé en su cuello, mis manos sujetaban las suyas por encima de la cabeza y besarla allí era mágico, donde la mezcla de olor natural y perfume eran uno solo. Poco a poco, bajé a sus senos, hermosos y suaves. Sus pezones, erectos de placer, me indicaban que disfrutaba de mis caricias y yo disfrutaba de sus gemidos. Solté sus manos y la volteé. Quería besar su espalda tan linda y delicada, morderla y degustar sus nalgas, su culo, que solo era mío. Mientras besaba su espalda, metí mis dedos en su intimidad y pude palpar lo que provocaba en ella.
Esa humedad única y mía, porque eso era ella, mía y yo era suya, hasta el último respiro sería de ella. Mis dedos se sentían tan bien dentro de ella que no me detuve en movimientos, mientras más rápido,  más gemía. Yo solo quería darle placer, su piel se tornó rosada, hermosa. Su respiración se agitaba y su sudor me decían que ya estaba a punto de estallar. Y así fue, estalló en mis dedos como nunca había ocurrido, sus piernas flaquearon. Comenzó a llorar. No sé si de placer o porque recordó nuestra platica. Yo solo la abracé, le susurré cuanto la amaba y que siempre la amaría. Como pude y, poco a poco, la llevé a la cama para continuar allí nuestra entrega.
Ella me miraba como un ciego miraría el mundo por primera vez. Mientras, tenía una gran cantidad de pruebas confirmando la presencia del cáncer de páncreas e intentando delimitar su extensión. Todo ello se apoderaba de mis semanas. 
Seis meses habían pasado. Ya el embarazo se hacía notar. Ambas íbamos a consulta, la niña crecía normalmente y yo trataba de estar bien para su nacimiento.
El desarrollo de mi enfermedad estaba en Estado III. Mi oncólogo me explicaba que el tumor se extendió fuera del páncreas, pero sin invadir el tronco celíaco ni los vasos sanguíneos.
Los síntomas y signos fueron aumentando rápidamente por el grado de mi enfermedad. Bajé de peso considerablemente. A pesar de que mi alimentación era fundamental para estar bien, sufrí de infrapeso y mis dolores lumbares me hacían disminuir poco a poco mis actividades  diarias.
Ya no éramos dos, ahora nos acompañaba una asistente, Beatriz, “Bea” le decíamos. Ella se encargaba de algunas funciones del hogar y de llevarme a las quimioterapias semanalmente al hospital oncológico de la ciudad.
En la sala de quimioterapias, se encontraban múltiples sillones negros, con todos los equipos médicos. Allí me recostaba mientras una cálida enfermera me tomaba la vía en mi brazo y pasaban el tratamiento, tal cual un suero vitamínico. Solo que al terminar sentía naúseas y mareos durante dos días. Los más difíciles de todos.
El día había llegado, todo estaba preparado. En su cuarto color blanco, estaban nuestros padres, Emilia y Jesús, los padres de Hilda, y  María y José, mis padres.  Elegimos un parto en agua, ya que mi amada tendría la libertad absoluta de movimiento y expresión. Además, podríamos estar acompañadas de nuestros seres queridos durante el trabajo de parto.
Yo era cómplice de sus adentros mientras nuestro ginecólogo y Bea garantizaban la total naturalidad del nacimiento.
Un sinfín de emociones invadió a Hilda al momento de ver a nuestra pequeña. Lloraba de ternura al ver a nuestra niña, tan hermosa y grande. La besaba y me miraba a mí, siempre tan callada. De pronto, al salir de la bañera, pidió que me acercara a ella.
- Me has regalado la vida, una vida perfecta, una vida de felicidad. Amor, te presento a tu hija, pesa 2.9 kilogramos y mide 49 centímetros. Tenías razón, María, esta vida es maravillosa únicamente porque estás conmigo. Ahora me toca a mí retribuirte tanto amor.
Meses atrás descubrí que necesitaba escribir, contar mi historia. Ya habían pasado 4 años de tratamientos, quimioterapias y radioterapias. Ha habido nuevos hallazgos y diagnósticos que implican más lucha. Hoy no puedo dormir... Escucho a mi chiquita hablar con su amada mamá y quisiera estar allí con ellas en nuestra cama. Pero necesito descansar...
Hilda y Bea trataban que la niña no dependiera tanto de mí, para preservar mis fuerzas y para que ella no resienta tanto mi situación.
Cuán difícil es vivir eso porque estaba todo el día en casa. Ligia vivía  jugando cerquita de mí. Situación que me llenaba más de vida.
Los días más terribles eran cuando la niña tenía fiebre, ya que no la podía proteger porque eso me podría hacer daño a mí. Las enfermedades normales de hija, hacían que me aislara en la habitación y, por minutos, pensaba entre lágrimas que la llama de mi vida estaba por terminar.
Una mañana mi pequeña Ligia llamó a “Bea” en vez de a mí. Fue muy triste aunque era lo que queríamos. Sentí como estaba entregando el amor de mi hija a mi asistente y amiga.
El cumpleaños número cinco de Ligia Iveeth lo celebramos en casa. Fue algo muy sencillo, con nuestros familiares. Yo a lo lejos, sentada en una silla, escuché como Ligia le hablaba a mi madre.
- Abuelita, no recuerdo a mi mamá con cabello, muéstrame una foto.

Mi madre me observó, se levantó y se dirigió hasta donde yo estaba. Quiso distraerme hablándome de mi padre y sus mujeres. Ese día sentí que la hora de partir estaba cerca.
Al día siguiente, la niña fue a mi habitación. Quería mostrarme sus nuevos regalos. Yo observaba un álbum de fotos y Ligia se me acercó.
- Mami, mami ¿Quién es esta mujer que está junto a mi mami Hilda? Es muy linda. Quiero ser como ella cuando sea grande.

Yo respiré, llorando hacia adentro, como ya había aprendido a llorar.
- Esa mujer que ves allí soy yo, hija.

Pensé en silencio “hija amada, algún día, te contaré que al ver esa foto contigo también sentí que quien aparece allí es otra persona”. La vida me cambió del día a la mañana.
Y ellas, mis mujeres, intentan procesarlo... A ratos llenas de rabia, a ratos tristes, y a ratos felices con el amor de todos en la familia, amigos y vecinos, que en la medida de sus posibilidades nos abrazan en estos momentos.

HILDA
Qué fácil es hacer una vida con ella, pero que difícil será hablarle al amor sin María. Llevo la sonrisa cortada hace años, el alma medio desprendida. Mi vida se ha convertido en la expresión máxima del amor, dividida entre un ángel que me enseñó a vivir, y que me ha regalado el don de ser madre, y mi hija. Creo que sin Ligia Iveeth no hubiese podido vivir esto. Con ella estoy flotando en mar abierto, es mi esperanza.
Paso mis días con las botas puestas, acompañando a mi mujer en la agonía que nos enseñó a vivir bien. No te creas, a veces, necesito sentir su pasión, sudarla como lo hacíamos en aquellos veranos donde nuestra piel se volvía una, y nuestras ropas estorbaban. Pero ahora está tan frágil que solo la amo con la mirada. Eso nutre mi alma, acaba mi sed y abriga mi corazón.
Hoy me vestí de negro, pero nuestros planes y proyecciones continuarán hasta que un día nos encontremos y volvamos a dibujar una vida.
“¡La vida nos cambió! Pero estoy segura que será para MÁS VIDA! ¡¡¡Así lo creo!!! ¡¡¡Solo es cuestión de tiempo, Fe y AMOR!!!”

Eso fue lo último que me dijo María antes de partir a los brazos del Señor.

Fin

Escrito por LaImposibleIvii

Orugas en capullo

lunes, 16 de enero de 2017
Creo que nací con defecto de fábrica. Pienso que es la mejor forma de decir que ya, a estas alturas de mi vida, no las sentiré. Sí... Estoy hablando de las dichosas "mariposillas en el estómago". 

Esta famosa frase, la he escuchado millones de veces. Nunca le había prestado demasiada atención, la verdad. Yo sentía como sentía y punto, sin importarme mucho esa otra sensación.

Con el tiempo y con las nuevas tecnologías, sobre todo las redes sociales, he hablado y conocido a muchas personas. Todas ellas, de alguna manera u otra, las han sentido. Claro... ya me empezó a carcomer la curiosidad de si, en vez de mariposas, tengo orugas en capullo (pudiendo ser la razón por la que no sienta ese cosquilleo), o tuve esa tara al nacer, o nunca me enamoré...


Llegados a este punto, quiero deciros que no estoy triste ni depresiva por no tener estos lindos animalitos por mis tripas. La mayoría con las que he hablado de ello, coinciden en que cuando las sientes, el dolor es más intenso si la relación se termina, y no te quiero ni hablar si encima no hubo ni relación. Vamos... que te pilles hasta las trancas por una persona y no seas correspondida.


Sentir algo tan intenso debe ser "maravilloso", nótese que lo pongo entre comillas. Perder el apetito perdiendo bastantes kilos, que te tiemblen las piernas tanto que casi te caes, que se te nuble la mente haciéndote no pensar con claridad, terrible dolor en el pecho (y en el alma, a veces) cuando la relación se acaba... Sí, parece que es una sensación "maravillosa".

¡Bueno, vale! También tiene otras connotaciones positivas como que te sientes flotar, todo lo que te rodea es "happy", tienes una cara de boba perpetua, el corazón late a más revoluciones por minuto, ya que piensas en esa persona constantemente, por lo que ejercitas más ese músculo, y bombea más rápidamente la sangre haciendo una mejor depuración corporal interna (esto último me lo he inventado, pero suena bien).

Siendo sincera, no envidio en demasía el no tener un mariposario en mi abdomen. Es verdad, que puede ser una pena que termine mi vida sin experimentar esa sensación tan intensa. Puntualmente, una envidia sana me ronda, porque a nadie le amarga un dulce, pero estoy bien así.

Quiero reseñar, por si hay alguien que lo esté pensando, que yo también siento y padezco. Que no soy una roca sin sentimientos. Que sé querer y quiero. La diferencia está en la intensidad. Cuando una relación, amorosa o amistosa, se me termina sufro, como cualquier otra persona. La intensidad es la que me diferencia del resto de los mortales (entiéndase como mortales a todos lo que hayan sentido esas mariposas)

¡¡¡Mariposas estomacales!!! Si os siento alguna vez, seréis bienvenidas. Si me hacéis flotar y sentir que todo es fantástico, os alabaré y os pondré en un pedestal hablando maravillas de vosotras. Si me hacéis la puñeta, haciéndome sufrir de muy mala manera, os odiaré con toda mi alma y os putearé porque seréis unas cabronas. Si, por el contrario, no tengo el honor de conoceros, tampoco os echaré mucho de menos... Total, nunca os he sentido.



Escrito por Arwenundomiel

Éramos

viernes, 13 de enero de 2017
Éramos de papel,
nos mojamos y estalló,
tu silueta dibujada
por la luz de la luna,
contra la pared.

Éramos aire,
el que soplaba dentro
con las ventanas cerradas,
un huracán feroz,
contra la cama.

Éramos polvo,
el que se levanta del suelo
cuando pasas,
porque no puede resistirte,
contra la mesa.

Éramos poesía,
la que no se escribe en un papel,
la que fluye,
cuando te rozo,
contra el armario.

Ahora no somos nada,
pero la nada es infinita,
como el tiempo,
el que pasaría contigo,
contra cualquier cosa.

Escrito por Kroki

Locales para chicas: Grupo Arena (Barcelona)

miércoles, 11 de enero de 2017

Grupo Arena

Dirección:     • Punto Café-Bar – Muntaner, 63 Barcelona
                     • Sala Madre – Balmes, 32 Barcelona
                     • Sala Classic – Diputación, 233
 Barcelona
                     • Aire Sala Diana – Diputación, 233
 Barcelona
                     • Arena Vip Sala Tango – Diputación,94
 Barcelona
Teléfono: 934878342
Correo electrónico: info@grupoarena.com
Horario: 
Web: http://www.grupoarena.com/
         https://www.facebook.com/GrupoArena/





Grupo Arena es un grupo de locales (bares y discotecas) en pleno Eixample de Barcelona, las cuales se complementan unas con otras creando toda una zona de ocio como no hay otra en Barcelona.

Encontramos abierto todos los días el Punto y la Arena, en el primero tomándote algo puedes conseguir descuentos y invitaciones de entrada para el segundo.

Los jueves se une el Aire en el que también puedes encontrar los mismos descuentos e invitaciones de entrada.

Los fines de semana y la vísperas de festivo encontramos todas las salas Arena abiertas pudiendo encontrar en Punto y Aire descuentos e invitaciones de entrada también, que te servirán para entrar en cualquier Arena.



Lo que carateriza al Grupo Arena es la variedad de personas y tendencias sexuales. Sobre todo, el respeto es lo que se respira en su ambiente.

Arwenundomiel

Relato "La fe escondida en tu mirada" (Capítulo 1)

martes, 10 de enero de 2017
CAPÍTULO 1.  CUANDO UNA PUERTA SE CIERRA, SE ABRE UNA VENTANA.


MARÍA


Tras salir del consultorio, se me vino a la mente todo aquel proceso que asumí con tanta fe y que ahora, amenazaba mi vida.
     
Caminé durante horas en la vereda del lago, viendo el atardecer, esa hora gris cuando el sol se oculta. Se me acercaba la llegada a casa, me esperaba Hilda, la mujer que he amado desde la primera vez que la vi bailando en el balneario, una semana santa.


Camino a casa reviví todo el proceso que me llevó a ir al médico. Apenas unos meses atrás era una mujer llena de salud y entusiasmo. Por las mañanas hacía ejercicio, luego llevaba a mi amada a su trabajo, la despedía entre besos y ternura para luego irme a mi oficina. Donde caminaba en la industria, tomaba algunas fotos y luego me sentaba a planificar el lado positivo de todo el “proceso perdido” que lleva la política en mi país y que tanto mal hacía a la industria azucarera y a los que dependían de ella. Sin embargo, mi rol de periodista y mi ética profesional me hacían argumentar solo lo positivo, exaltándolo a nivel nacional.


Por las tardes, Hilda iba a ejercitarse y luego a tomar té con sus amigas. En cambio, yo solía aprovechar mi tiempo a solas para leer y escuchar música, actividad que liberaba todo el estrés proporcionado por el trabajo.


Por un instante, pensé que tanta fe y esperanza en Dios me había hecho sentir que estaba sana, mientras estos síntomas se apoderaban de mi. La comezón en la piel, la orina de color oscuro, el excremento un poco blanco y mis ojos amarillos me llevaron inocentemente a una consulta con mi médico internista.


Todo empezó con un examen físico, un reconocimiento del cuerpo, para revisar el estado general de salud, identificar cualquier signo de enfermedad, buscando cualquier otra cosa que saliera de lo normal.


La Doctora Álvarez, también  me tomó datos sobre los hábitos de salud, así como los antecedentes de enfermedades y tratamientos anteriores. Posteriormente, me indicó otro tipo de exámenes normales como pruebas de laboratorios, procedimientos con imágenes y pruebas genéticas. Esta últimas, causaron ruido y no pude evitar preguntarme si estaba pasando algo malo.


Cuando acudí con la doctora  Álvarez, pensé que podría estar sufriendo del hígado o, lo más trágico, que estaba presentado síntomas de una hepatitis. Ella intentó tranquilizarme.


- María, celebro tu juicio al acudir a mi consulta fielmente cada seis meses. Todos los seres humanos podemos caer en enfermedades que muchas veces ni sabemos que existen, de las cuales desconocemos los síntomas, y cuya magnitud no somos capaces de valorar. Tú presentas ciertos síntomas que podemos identificarlos con el hígado o el páncreas. Para ellos, indicaré ciertos exámenes y tras los resultados te medicaré o te referiré a un especialista.


-Quisiera que fuese más directa doctora, pero entiendo perfectamente su ética.


Salí del consultorio con la certeza  de que era algo pasajero, cualquier virus o algo fácil de tratar. Pensé en Hilda y tomé la decisión de no ahondar en el tema y le expresé que eran exámenes de rutina y que todo estaba bien.


Pasado un mes,  ya la patología estaba totalmente clara. El cáncer de páncreas estaba avanzado y mi pronóstico tenía poco de positivo.


Llegué al piso. Ella, inesperadamente, estaba en casa, impaciente. Se notaba que quería hablar conmigo.


HILDA


- María, ¿sabes que soy feliz a tu lado?- hizo una pequeña pausa.- Eres una mujer maravillosa, que ha llenado de esperanza estos cuatro años de relación. Cuando tuve miedo, siempre me tendiste la mano y me cobijaste. Recuerdo todo lo que hiciste para enamorarme, para acercarte a mí, aun sabiendo que yo era una chica que se afirmaba heterosexual, y de aquel pueblo que veía la homosexualidad como una enfermedad. Recuerdo que nos presentaron, tú eras la novia de aquella ex amiga mía, pero tus ojos al verme se llenaron de luz, no parabas de mirarme mientras yo, más tímida, solo te esquivaba. Recuerdo que horas después me pediste el número y yo, ebria, te lo di. Te dije "Nos vemos en Maracaibo al terminar las vacaciones, escríbeme".  Tú te quedaste anonadada y al pasar las vacaciones y unas semanas más, te dignaste a escribirme. Pasamos el día mediante textos, no podía creer lo mucho que hablaba con una tía pero seguía respondiendo...


Yo la observaba con los ojos brillantes, viviendo de nuevo cada una de sus palabras. Mientras, mi corazón palpitaba sin cesar, pero también pensaba que tenía que herirla al decirle que pronto dejaría de estar con ella.


- María, un día me llamaste y, sin pensar, me preguntaste que si tenía novio. Te dije que no, porque ninguno me llenaba a pesar de todos los pretendientes que tú ya sabías. Yo era bastante loquilla, me gustaba tener a muchos tíos detrás de mí, y les daba alas a todos. Sin esperarlo me dijiste "Quiero que seas mi novia. Piénsalo. Yo te volveré a preguntar en un tiempo. Solo te pido, que si deseas decir que no, lo hagas en este momento o antes de que vuelva a pedírtelo." Me colgaste y me quedé sin palabras. Una mujer me había pedido que fuera su novia. Recuerdo que me pregunté "¿Señor, será mejor que me aleje de María? ¿Será nociva esta mujer para mí?"


Yo la miraba y ella siguió hablando.


- Poco a poco, te acercaste a mí entre discos, rumbas y mucho alcohol, nos hicimos inseparables. Dos meses después, me invitaste a un centro comercial, me dijiste que querías comprar varios obsequios para tu ahijada, y que querías mi opinión. Yo acepté con gusto, sin saber que esos regalos eran para mí, y que el momento de decir "Sí" había llegado. Me invitaste a un café-bar, escogiste una mesa en un rincón, había poca luz, la decoración era entre verde aceituna y marrón, el servicio era excelente. Pediste una botella de vino, me dijiste que los obsequios que tanto tardamos en comprar, un peluche y algunos chocolates, eran para mí y que si oficialmente quería ser tu novia. Yo enmudecí. Solo te coloqué un anillo y brindé por nuestro amor un primero de julio. Para cambiar de tema, te dije "¿Cómo llamamos al peluche?" "Julio" respondiste. Yo te dije "Julia. Es niña" y entre risas seguimos disfrutando del Merlot que endulzaba nuestro inicio.- Hizo una pausa.- María, ¿recuerdas nuestro primer beso?
– Sí. Fue después de tres meses. Una noche platicando, luego de tomar unos tragos sociales, luego de tantas miradas de seducción, y tomadas de las manos, a escondidas de nuestras amigas. Queríamos mantener en secreto la relación pero, éramos tan obvias en las visitas juntas al baño, las miradas, los roces bajo la mesa, los textos como medio de comunicación personal, en fin, todas sabían nuestra relación y se reían de cómo tratábamos de ocultarlo. ¡Cómo me costó llegar a tu boca! Te respetaba tanto, que temía hacerte daño o, peor aún, tu rechazo.- Risas pícaras adornaban nuestra charla.
- ¿Entonces también recuerdas nuestra primera vez?
- Sí. Fue un fin de semana que quedé sola en la residencia universitaria. Te invité y tu llevaste a un grupo grande de tus amigos y pretendientes. Al amanecer, se fueron todos y quedamos juntas. Recuerdo que había dos camas individuales, las sábanas eran azul marino y, en la otra cama, decoraban unos dibujos animados, sábanas de cuando éramos niñas. La habitación era de un color blanco ostra, adornado con franjas amarillas, había un espejo grande en la pared derecha, por el cual me pediste dormir en la cama que estaba a la izquierda. Sentí que te daba vergüenza hasta verte conmigo.- dije entre risas.- Allí,  me pediste que durmiera a tu lado, estabas pasada de tragos. Yo te observaba, y tú me abrazaste. Me dijiste que me querías tener más cerca y me subí encima de ti. Te besé con pasión, besos que recorrían, sutilmente, todo tu cuerpo. Yo me sentía en las nubes. Tocaba tus caderas y tú me agarrabas por el cuello. Sentí como tu ritmo cardíaco comenzaba una sinfonía que, hasta ahora, no he podido olvidar. Tu cintura se movía, me apretabas, tomabas mi cabello. Me decías que no me separase de ti, en susurros. Desabroché tus pantalones y acaricié tu clítoris, delicadamente. Comenzaste a gemir. Yo correspondía tus caricias sin pensar en nada más. Mordía tus labios, luego los acariciaba hasta borrar mi rastro. Fui hasta tu cuello, succioné un poco y me gritaste que no parase. Te movías rápido. Te gustaba. Yo también me movía, buscando tus caricias. Subí mi mano y poco a poco te quité tu sujetador y, mientras pellizcaba tu pezón ya erecto, gemiste. Luego recorrí todo tu seno, explorando por primera vez su gran tamaño. Tú me decías que te gustaba. Comenzaste a tensar el cuerpo y llegó tu clímax. Te quedaste inmóvil. Yo también. Colocaste tu mano derecha en tus ojos, querías desaparecer del mundo. Por minutos, me quedé allí sin decir una palabra. Decidí bajar por tu vientre y recorrerte el cuerpo con mi boca. Fui quitando la ropa que estorbaba a mi recorrido, seguías afectada por ese mágico orgasmo. Sin embargo, yo seguía con ganas de más. Lentamente, besé y mordí cada parte de tu vientre y tus caderas. Mientras mis manos recorrían las piernas más suaves que jamás había tocado. Tenerte así, para mí, invadía mi alma de deseo. Decidí llegar a tu intimidad. Acaricié tu vientre y sutilmente, entre movimientos, fui bajando. Te acaricié los labios, delicadamente, notando como te humedecías, tu respiración se entrecortaba y gemías ante cada una de mis caricias. Levantaste la cadera buscando mis labios, y mi lengua acarició tu clítoris. Era la primera vez que probaba a una mujer, tu sabor era delicado, mi boca te buscaba con avidez, y tú movías suavemente tu cadera, siguiendo mi ritmo. Tenías un sabor tan único... Jamás imaginé que sería así. Recorrer tus labios, succionar tu clítoris mientras tu gemías y retorcías en la cama, no sabía si lo hacía bien solo quería saciar mi sed de ti. Mi lengua se llenó de tu jugo. Yo no sabía cuándo sería suficiente, pero era tan maravilloso hacerte mía, que juguetear se volvió casi adictivo. Tomaste mi cabello y me obligaste a continuar, ¡eso me excitó tanto! Yo sólo seguí tus sutiles indicaciones y entregué todo de mí, hasta lograr ese maravilloso orgasmo que vino acompañado de gritos, gemidos que me hicieron entender lo que es hacer sentir a una mujer. Al terminar, solo me atrajiste hacia ti, me besaste en los labios tantas veces hasta quedar dormidas. Una abrazada a la otra, inmersas en algo que va más allá de un orgasmo compartido.- Me lancé sobre ella y besé sus labios.
- En tus palabras recordé la magia de nuestro amor, ya hace años de eso. Tengo una noticia que darte.
-Yo también tengo una noticia que darte.- María cerró los ojos.
-Amor, nuestro sueño se cumplió. Seremos madres. La inseminación fue un éxito.


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 "La fe escondida en tu mirada"          Capítulo 2


Escrito por LaImposibleIvii

Miedo a enamorarme

lunes, 9 de enero de 2017
Por alguna extraña razón, cuando me empiezo a ilusionar con alguien, empiezo a verme a mí misma en un tiempo anterior, con todas las cosas que han acarreado hasta llegar al ahora, y eso me lleva a pensar que no debo ilusionarme.

Mi corazón querrá tomar un rumbo que mi cabeza no creerá conveniente tomar, creando así una batalla en mi interior que nunca sé quién será vencedor, si  mi cabeza, terca y desconfiada, o mi corazón, luchador y herido.

Siento mariposas dentro de mí, en mi estómago. Me gusta sentirlas, como me gusta sentir la sonrisa que ilumina mi cara, o cuando mis ojos brillan, pero no tarda en aparecerme esa sensación oscura, que me hace pensar que todo es culpa mía, que no sé ser suficiente.

Creo que no me quiero enamorar o, más bien, tengo miedo a enamorarme. Porque, al principio, te prometen el cielo y te suben a lo más alto, pero un día, de golpe, sin esperarlo, te encuentras cayendo al vacío de una manera brutal, a una velocidad irrefrenable, acabando estampada en el frío suelo, haciendo que el frío se meta en tu interior, y volviéndote como él, alguien a quien todos intentan evitar, en lugar de calentarlo, de hacer que se vuelva cálido.

No siento que esté preparada para volver a sentir celos, enfados por cualquier tontería o capricho, volver a soportar la tristeza, la soledad y los llantos. No creo que eso esté hecho para mí, y menos ahora, cuando tengo miedo y no tengo a nadie que me haga perder los miedos
.
Quiero ser egoísta, aunque sea una sola vez. Tengo que mirar por mí, y aprender que nadie va a sostener mis miedos y, que mucho menos, van a acabar con ellos. Creo que es el momento de que no me detenga por nadie, de intentar confiar en mí y en mi destino. Que he de mantener mi corazón abierto aunque no sea al amor.

A veces pienso que el amor nos hace tontos, que nos detengamos y no sigamos avanzando por el mundo. Por eso, creo que debo aprovechar cada latido de mi corazón para poder llegar lejos, sin pararme, sin tener tan siquiera sentido y que si intentan frenarme, si alguien consigue quitar mis miedos y conseguir que me enamore, no me frene, si no que corra conmigo y crezca, que crezcamos.

Escrito por @srtadesquiciada

Porque no estás sola, porque no estamos solas

lunes, 2 de enero de 2017
CONTENIDO SENSIBLE


"Yo solía pensar que era la persona más extraña del mundo, pero luego pensé, "Hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en  que yo me siento". Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto, sepas que sí, es verdad. Yo estoy aquí, soy tan extraña como tú." (Frida Kahlo)

Una sonrisa.
Lleva toda la noche mirando hacia ti, te ha invitado a varias copas y entre risas has descubierto que resulta encantador. Te has fiado de él, ¿y por qué no? Sigues confiando en la bondad de la gente, a pesar de que ya te han hecho daño. Eres así. La gente te dice que eres tonta, pero tú sientes que dentro de ti las oportunidades siguen renaciendo como las flores después del invierno.
Te ha pedido que le sigas y que le des la mano. Lo has hecho, no hay ninguna razón para no hacerlo.
Ahora estáis solos, y de repente todo ha cambiado. Ya no entiendes nada, te sientes confundida y aturdida. Y las flores, se están congelando debajo de la nieve.
Una caricia en tu cuello. Una lágrima que surca tu mejilla. Un escalofrío en tu espalda. Un sentimiento de vacío. Tus gritos, que se ahogan en el aire.
Los sollozos de quién sufre cruzan la noche, a veces, se escapan en forma de suspiros y el vaho navega por las calles, pidiendo ayuda.
El Dolor avanza como un susurro silencioso envolviéndote en su manto. Se cuela entre tu ropa y te impregna del olor del miedo. El sudor cobra una nueva forma y parece que hace una armadura alrededor de tu piel. Una armadura demasiado fácil de atravesar, demasiado débil, demasiado tranquila.
El Dolor sigue ascendiendo y traspasa las comisuras de tus labios, a su paso, parece que solo deja llagas y una sensación ardiente de que algo va mal. Duele. Rompe. Ahoga. Abres la boca suplicando al vaho que vuelva y te haga, de nuevo, respirar. Quieres que llene tus pulmones con la fuerza con la que un huracán vence a un pueblo. Pero el vaho se ha ido y es inútil que supliques ya.
Ladeas la cabeza, ni siquiera puedes sostener ya tu propio peso. Caes al suelo, agotada. Él se marcha. Y, por primera vez, sientes que alguien se lleva de verdad una parte tuya, algo poderoso, tu esencia.
La quemadura empieza a brotar en ti, el Dolor se ha convertido en fuego y no duda a la hora de volverte cenizas. Es inútil que te resistas, el agua de tus lágrimas se evapora cada vez más rápido. Incluso te está quitando ya el placer de llorar.
Te está derrotando.
¿Lo notas? Ahora, el Dolor se rebela, se rebela dentro de ti, quiere salir pero no sabe cómo. Tú también desearías que saliese, pero tampoco sabes cómo echarle. Estáis atrapados, condenados a ser el verdugo y el degollado, el opresor y la víctima. A veces vuestros papeles se cruzan, os confundís, os dañáis, ya no sabéis hacer otra cosa.
Está en tu cabeza mientras caminas, en el espejo cada vez que te miras, si es que consigues mirarte, está ahí cada vez que repites que la culpa fue tuya. Y mientras... mientras, el Dolor, te rasga por dentro con unas uñas afiladas y desearías que traspasase tu pecho para terminar por fin con todo aquello y caer sobre un charco de color escarlata. Poder flotar e irte lejos de allí, donde puedas ser tú misma. 
Han pasado meses, pero para ti, parece que han sido décadas encerradas en unos segundos. El tiempo pasa demasiado lento, tan lento, que para ti hace tiempo que el reloj se paró.
Ya no hay salida, te lo repites continuamente.
"¿Estás bien?" Levantas la vista y te encuentras con una mirada como la tuya, rota y profunda. Detrás de la barrera de tus lágrimas, empiezan a aparecer miradas, miradas de chicas como tú, algunas rotas, algunas recuperándose, otras que ya han conseguido encontrar "otra yo" que les convence y a la que quieren. Una sonrisa. Justo como empezó todo, pero esta vez completamente diferente. Porque esta vez es un paso hacia arriba. Porque esta vez comprendes que la culpa no es vuestra. Porque esta vez, eres consciente de que no estás sola.

Porque no estamos solas y porque cada vez somos más fuertes.


                                                                                                    Buzzys

¡Feliz 31 de Diciembre! ¡Feliz 2016!

sábado, 31 de diciembre de 2016
"No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho" (Séneca)

FELIZ 2016

Gritos. Gritos que me invaden los oídos. "¡Feliz 2017!"

Miro el calendario, 31 de Diciembre de 2016.

2016. ¿Para qué felicitan el 2017 si ni siquiera ha llegado aún? Si todavía no ha terminado este año... Cierro los ojos y respiro. La gente ya se está preparando en sus casas. Las comidas ya están en el horno, en la nevera, en la olla... ¡Hay que cenar puntuales que nos pilla el... ¿el 2017?!

Mi madre me pide que le pase un trapo limpio, "¡Este no, no vamos a empezar el año con un trapo amarillo!" 

... 
   ...
      ...
         ...

Nos quejamos de que no tenemos tiempo para nada, pero eliminamos un día entero del calendario por lo que "va a venir".

Intento buscarle el sentido, pero no se lo encuentro, matamos el tiempo con demasiada ligereza y luego nos quejamos de que está muerto.

Quizá ese sea nuestro problema, que nos hemos acostumbrado a vivir en el futuro. Vivimos el nuevo año el 31 de Diciembre. Pensamos en las vacaciones de verano en Mayo. En la vuelta al trabajo/clases en Agosto. Pensamos en las vacaciones de Navidad en Noviembre. Y mientras... mientras nos perdemos el 31 de Diciembre, nos perdemos Mayo, Agosto, Noviembre...

No vivimos los desayunos, por pensar en cómo nos irá el día...

Y vivimos día a día pasando los segundos pensando en los minutos que vendrán. Gastando los minutos por pensar en las próximas horas. Perdiendo horas por los días venideros. Y perdiendo días enteros por... ¿el fin de semana?

Así vamos, que no salimos a bailar por si bailamos mal; no disfrutamos de las canciones porque no nos gusta nuestra voz; no nos comemos ese pastel por las calorías...

Y se nos olvida el presente porque el futuro nos acosa por todos lados.

Así que, hoy, 31 de Diciembre de 2016, a las 18:40, ¡Os deseo feliz 2016!

¡FELIZ 31 DE DICIEMBRE! Porque merecemos vivir, viviendo. Y no vivir, pensando.

"Ninguna pérdida debe sernos más sensible que la del tiempo, puesto que es irreparable" (Zenón de Citio)

                                                                         

                                                                                           Buzzys




El arcoiris de la vida

martes, 13 de diciembre de 2016
Hay días en los que piensas que para qué mierda te has levantado hoy.

Y sí... creo que nos ha pasado a todos. Meter la cabeza debajo de las sábanas, deseando que las horas pasen pronto y sea un nuevo día... tipo avestruz, metiendo la cabeza bajo tierra. Pienso que no es malo tener días así.

Lo malo es recluirse día tras día, no llegar nunca a pensar que todo puede mejorar, que los días van de mal en peor irremediablemente...

Lo malo es querer evadirse continuamente de los problemas y los días chungos mediante el alcohol o las drogas. Coger un ciego hasta no poder más, perder la conciencia, olvidarlo todo con el enorme colocón...

Lo malo es autolesionarse, día sí y día también, para poder sentir dolor físico y huir de ese dolor intenso e interno, que muchas veces duele más. Cortarse, golpear hasta sangrar y sentir dolor...

El mundo es una mierda, pero es una mierda... a veces. No es solo de color negro o gris oscuro, también tiene toda la gama de colores, a cual más bonito. La vida es un precioso arcoiris.

He tenido muy malos momentos en la vida, como cualquiera. Creí no ver solución, ni salida a la situación. Lloraba, gritaba, me aislaba... pero después volvían las fuerzas. Volvía a activarme, a coger las riendas, a resurgir, a buscar soluciones, a sonreír... A VIVIR.



Escrito por Arwenundomiel

Relato "Un café y un polvo" Parte 14 (Capítulo 44)

domingo, 11 de diciembre de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 43       "Un café y un polvo"


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PARTE 14. ABRÁZAME Y QUE EL MUNDO SE VAYA A LA MIERDA.

CAPÍTULO 44. COLORES QUE CONFUNDEN.

"Desde hace un tiempo, cada vez que me saturo, me tomo los descansos en museos. Sí, supongo que puede resultar extraño. Hay muchas personas que me dicen que con mi edad debería tomarme descansos en los parques o frente al televisor. Sin embargo, nunca he seguido las reglas que debía seguir por mi edad. Cuando estaba en el colegio, la psicóloga se preocupó porque "Era más madura de lo que debía y parecía no estar pasando el pavo", en fin, ¿Qué queréis que os diga? Era una niña que con seis años ya escribía cuentos y textos preguntándose demasiado porqués para una cabeza tan pequeña.
Resulta, que cada persona es un mundo, y quién piense que no, que venga y me lo demuestre. Y claro, cada uno se relaja a su manera, ¿no? Y a mí, la elíptica, los cuadros, tirarme en el césped, la música y las letras, me dan la vida, ¿Qué queréis que le haga?
Y bueno, tampoco voy a saturaros mucho, hoy vengo a hablaros de colores. En especial, colores que confunden, colores de personas. Y ahora, llamadme rara, me da igual.
Desde que soy pequeña, he pensado que cada persona tiene un color. Y no me refiero a su color favorito, sino al color que le hace brillar. Dicen que cada color tiene un significado, yo, la verdad es que no sé si eso es cierto. En mi opinión, cada uno ve a una persona de un color y según ese color, le trata de una manera u otra.
Llevo un rato observando un cuadro, un cuadro de colores rojizos y anaranjados, dónde cada persona que lo mira ve una cosa. Yo veo un barco en medio de una tormenta en el mar. Ese cuadro me fascina, tiene mi color. Y es que, para mí, yo soy naranja. Siempre que lo observo durante mucho rato, los colores empiezan a confundirme y tengo que retirar la vista, y es que con las personas me pasa lo mismo.
Lo que me lleva a una pregunta que me lleva rondando desde hace tiempo la cabeza, ¿Son las personas las que me confunden? ¿o son sus colores?"


ALBA
-Espera.- María me miró fijamente.- ¿Has dicho embarazada?
- Preñada, jodidamente puteada por un capullo de mierda. Sí, eso he dicho. - Estaba que me subía por las paredes. Llamé a mis amigas para al menos poder desahogarme a gusto. Con Lu delante era imposible. Martina me desarmaba con solo una sonrisa. Tenía que despotricar de toda esa situación, y con ellas era impensable.- Me cago en todo, hostia.
-A ver, nena.- Lola cogió el mojito que tenía sobre la mesa.- El aborto siempre es una opción.
- La muy estúpida no quiere abortar. Va a tenerlo y darlo en adopción. Dice que lo que tiene dentro, tiene derecho a una vida. ¿Qué coño tiene ahora mismo dentro?
-Siempre me ha gustado tu hermana…- Asun se recostó sobre la silla.- Tiene un par.
- Tiene un par de hostias. Eso es lo que tiene mi hermana. Y el otro no sé ni cómo no lo he estampado esta mañana cuando hablé con él.
-No va a conseguir darlo… - Lola se levantó y fue hacia la cocina.- Es como tú, una sensiblona de mierda.- Las demás se miraron. Solo Lola era capaz de soltarme esos comentarios.
- Y tú eres una capulla. No puede quedárselo. ¿De qué va a vivir?
-¿De qué ibas a vivir tú cuándo te largaste de casa?- Lola dejó una enorme ensalada en el centro de la mesa y un pollo asado.- Pues eso.- comentó al no recibir respuesta por mi parte.- Y a ver cuándo viene la petarda enamorada.- así llamaban últimamente mis amigas a Carmen.
- Estará al llegar. Me ha mandado un mensaje diciendo que estaba aparcando - informó Asun mientras cogía un tomatito de la ensalada.
- ¡Parece que no la conocierais! Si dice eso es que debe de haber salido ahora mismo de la casa. Es toda un desastre en cuestión de puntualidad.
- La que no la conoces ahora eres tú, Alba - me replicó María.- Gabi la ha cambiado de una manera espectacular. Es otra persona. Igual que lo que ha hecho Martina contigo.
- No me jodas, María. No me vengas otra vez con esas gilipolleces. Yo sigo siendo la misma.
-¿Ah sí? ¿Estás saliendo con Martina?- Lola me miraba burlona.
- Seréis capullas. ¡Qué me dejéis en paz de una puta vez! Yo no salgo con nadie.
-¿No? Entonces, la antigua Alba no tendría impedimento ninguno… - Lola salió de la cocina con un dedo manchado en chocolate, se lo pasó por el escote.- en limpiarme. ¿No?- me miró, enarcando una ceja y poniendo los labios curvados en una sonrisa increíblemente sexy.
- Ninguno.- Me levanté del sofá y se lo limpié de un lametazo rápido, sin miramientos.- Lo ves. Ya está limpio.
-No, no lo veo. Mi querídisima Alba lo habría hecho lento y habría terminado con un beso sexualmente apasionado. Lo siento, nena. Estás colada.- Lola se reía a carcajadas.
- Sois gilipollas. No sé como os soporto.

El timbre de la puerta sonó. Al final va a ser verdad que Carmen empezaba a ser puntual. Nunca en su puta vida lo había sido. ¿La habría cambiado Gabi de tal manera?¿Tanto había cambiado yo? ¿Tanto tiempo había pasado que ya no conocía a una de mis mejores amigas?
Carmen entró con una botella de ron en cada mano y con una sonrisa de oreja a oreja. Esa sonrisa la conocía demasiado bien, y ese brillo en sus ojos también. Aunque esté feo el decirlo, Carmen venía recién follada y, por su sonrisa, bastante bien follada.
-¿Y la enana?- Lola la sonrió cogiendo las botellas y le dió un beso en los labios, igual que hacía con todas y probablemente, como haría siempre.
- No la llames así, imbécil - seguía con esa sonrisa tonta en la cara - Ella es toda una mujer, te lo digo yo - le guiñó un ojo.

Fue una a una saludándonos con un par de besos. Cuando llegó a mí, se me quedó mirando varios segundos y me sorprendió besándome en la boca, pero un leve beso, un leve roce.

- Alba, sigues estando guapísima, nena. Sigues sabiendo igual.
- Pues tú sabes a coño. Supongo que al de Gabi. No lo he probado - sonreí. Ella alzó su dedo corazón y puso los ojos en blanco.
- ¡No vas a cambiar nunca, Alba!
- Díselo a ellas que dicen que no soy la misma.
- Y es cierto. No te pareces en nada. Pero qué bien me conoces… Sí que huelo a ella.
- Eso se huele a la legua. Anda, y baja de la nube orgásmica, por favor. - Las carcajadas se escuchaban hasta en el rellano del piso, de donde apareció Gabi.
-¡Hombre! ¡Hola enana! - Lola fue a saludarla inmediatamente y le dió un beso en los labios. Eso significaba que la veía parte del grupo. Carmen había acercado a Gabi al grupo y yo me había alejado con Martina…
-¡Hola!- Gabi fue saludando a todas y cuando llegó a mí se quedó parada.- Hola, Alba...
- No soy un ogro. Dicen que he cambiado - le sonreí y le di dos besos. Olía a Carmen. - Pero no he cambiado en una cosa, y es en decir las cosas claras. Carmen, Gabi… hacedme el favor y lavaros la cara y las manos oléis a sexo.
-Siempre huelen así. Doy fe. - Asun le dio un empujón cariñoso a Carmen.- Incluso recién salidas de la ducha. Se les ha quedado el olor impregnado. Pudimos comprobarlo en la semana en la casa de María.- Todos los veranos nos íbamos a la playa, María tenía una casa en primera línea. Desde hacía 6 años, no me lo había saltado nunca. Y ahora había ido Gabi y no yo.
- Pues huelen a kilómetros.
-Aprovechan la pasión del principio.- Lola guiñó un ojo a Carmen, y vi como Gabi enrojecía levemente mientras sonreía.
- ¡Qué pasión, ni que mierdas! Que están más calientes que una mona y no paran de follar. Debéis tenerlo escocido.
-Alba, ¿eso es envidia?- Asun cogió un tomatito de la ensalada y se rió mientras miraba a María.
- Para nada. Me salen hasta por debajo de las piedras. No pierdo la oportunidad, ya me conocéis - Me fui para el balcón a prepararme otro porro. Me estaban poniendo nerviosa y no sé por qué. Bueno, sí que lo sabía. Al final iba a ser cierto que Martina me había cambiado.
-Claro que no, cariño.- María empezó a partir el pollo. Lola me siguió.
-Hey.- Lola sujetaba un piti entre sus labios, pintados de un rosa suave, pero intenso. Y estaba encendiéndolo mientras miraba hacia el parque de debajo de su casa.- ¿Cómo estás? Me han dicho que has vuelto a Doris.
- A veces. Me ayuda a desbloquearme, a encauzar los problemas que van viniendo. Mi vida se está volviendo un caos y no quiero volver a lo mismo.
-Ya sabes lo que opino de Doris, es una tía de puta madre. Pero no me parece que pegarte sea la solución a los problemas. ¿Qué te bloquea, nena?- se subió al poyete del balcón y me miró mientras daba una calada al cigarrillo. Cruzó sus largas piernas y se estiró, mirando al cielo, mientras me dejaba su maravilloso cuerpo a cinco centímetros de mí con su cuello totalmente al descubierto. Sentí que me había mojado en el momento en que ella bajó de nuevo la cabeza y me sonrío.- Hey, que te embobas…
- Lola… - me acerqué a su oído lentamente - Eres una capulla.- Lola se giró, y antes de que pudiera reaccionar, sus piernas me envolvían la cadera y sus manos acariciaban mi cuello y se enredaban en mi pelo, mientras acariciaba mis labios con su lengua, sensualmente. Un carraspeo hizo que Lola separase su cara de la mía, aún sin soltarme.
-¿Sí, Gabi?
-María dice que tiene un hambre feroz y que o venís o se come vuestra parte.
-¡Vamos!- Lola dio un pequeño y elegante salto hasta el suelo y se fue alegremente hacia el salón, cogiendo a Gabi del brazo.


TRES SEMANAS MÁS TARDE…

LUCÍA
Manu se había empeñado en que fuese a comer a su casa, decía que nunca había comido con sus padres desde… bueno, desde nunca. Y encima su madre estaba embarazada de siete meses, lo que era… ¡Yo que sé!
Me hacía gracia porque el niño que llevaba dentro, se iba a llevar con sus tíos biológicos como si fueran hermanos. Era una mierda que no fueran a conocerse… Jamás me había planteado quedarme embarazada tan pronto, la verdad. Era algo que aún me aterrorizaba. Estaba de tres meses, y la tripa empezaba a notarse, tema que me empezaba a preocupar. Además, el pecho había crecido y la mayoría de mis camisetas me quedaban ajustadas por esa zona.
Después de probarme todo el armario, me puse un vestido negro suelto que me prestó Martina, y que, la verdad, era precioso. Parecía una camiseta grande, respecto al tacto…, pero era cómodo, sencillo y elegante, a la vez. Lo combiné con unas sandalias y un colgante y me dejé el pelo suelto. Era impresionante que Martina consiguiese que me sintiera guapa, cuando yo me sentía un canguro.
Llamé al timbre, mientras cambiaba el peso de un pie a otro, esperaba que me abriese la puerta Manu y no alguno de sus padres. Como no, si las cosas últimamente podían salir mal salían mal o peor. Me abrió la puerta la madre de Manu y a su lado se encontraba su marido.

-Buenos días…- no sabía muy bien cómo se saluda los padres del chico del que estás embarazada. Levanté la bolsita que llevaba en la mano.- Les he traído unos bombones.- Me había asegurado de sí a sus padres les gustaba el vino, millones de veces con Manu, después de descubrir que era la bebida favorita de Giovanna, la madre de Manu, decidí por fin, que les llevaría vino. Sin embargo, al pensar que su madre no bebería vino estando embarazada, me decanté por unos bombones de una tienda que solo vendía chocolate y que según Manu, su madre adoraba.
-Ciao, Lu. Tenía muchas ganas de invitarte a comer con nosotros pero Manu ponía siempre excusas de todo tipo. Se creerá que te voy a comer o algo parecido - Me sonrió y muy amablemente cogió la bolsa que ofrecía y me dejó paso para que entrara - Pasa por favor, Manu se encuentra en la cocina.
- Buenos días. Casi nunca estoy en casa cuando alguna vez has venido pero el trabajo es lo que tiene - se justificó Alejandro.
-Gracias.- dije entrando en la casa, pero sin moverme del recibidor. Iba a degollar a Manu. Era la primera vez que me fijaba atentamente en sus padres, su madre tenía el pelo negro y liso, como el de Almu. Y unos ojos de color caramelo, preciosos. Además, se conservaba tan bien que no aparentaba más de treinta años. Llevaba un vestido blanco, precioso, que dejaba ver la tripita de 7 meses que ya tenía. El padre tenía una constitución fuerte y unos ojos grises intensos que combinaban de una forma, incluso mágica con el pelo de toques rubios que tenía. Los padres de Manu podían haber sido modelos, sonreí, quizá el bebé se parecería a alguno de ellos...
- Nena… Con lo preciosa que eres y ese cuerpo - me miró de arriba abajo mientras me sujetaba el vestido estirándomelo, me aparté sutilmente, intentando que no se notase, mientras la madre de Manu seguía intentando ceñirme el vestido. - ¿Por qué te pones ropa tan ancha? Ponte algo que se ajuste a tu silueta, date partido. Eres un bomboncito. Por cierto, espero que Manu te haya dicho que trajeras bañador, tenemos piscina.
-Bueno… me gusta este vestido.- Manu apareció justo por la puerta que llevaba al salón. -Y no, Manu no me había dicho nada sobre la piscina.- Le miré, iba a matarle. Le mataría lentamente y sin piedad. - Aunque no me gusta mucho el agua, la verdad...
- Hola, Lu - me dio un beso en la mejilla. Había visto mi mirada y sabría que no podría bromear mucho conmigo. Ese beso en la mejilla denotaba algo de distancia para que no le cruzara la cara en ese mismo instante. - No te dije nada porque sabía que no te gustaría la idea. A mí tampoco me gusta mucho bañarme.
-¡Pero si te pasas el día ahí metido!- la madre se dirigió a la cocina, señalándonos que la siguiéramos.
- Mamá, por favor. No seas exagerada.
- Gio.- Su padre acortó el nombre de la madre de Manu y me pareció que lo dijo con tanto cariño, que no pude evitar sonreír.-  no ves que lo que quiere es que Lucía se sienta cómoda. Si no le gusta pues que se quede en el jardín con él. Nos tomamos unos mojitos y estamos un ratito agradable allí.
-Bueno, está bien. Puedo dejarle un bikini para que esté más fresca, si ella quiere.- Después movió la cabeza hacia el horno, mientras yo palidecía ligeramente.- Álex, termina de hacer la bebida. Manu, Lu, vosotros haced lo que queráis, la comida estará en un minuto.- Vi como Álex se dirigía a una jarra en la que había una bebida ligeramente amarilla, y al lado varios limones. Supuse que estaba haciendo limonada.
-¿Puedo ayudar en algo?- no sabía exactamente a quién me dirigía.
- No hace falta, Lu.
-Manu, saca tú la bandeja del horno. No quiero que tu madre se agache con la barrigota.- Se acercó con la jarra de limonada en la mano y abrazó a Giovanna por la espalda, depositando un beso en el hombro de ella. - Voy a sacar esto al jardín, ¿Venís ya?- Yo asentí. Y él se fue, abrazando a Giovanna, con un brazo, hacia la parte trasera de la casa. Debía tener una sonrisa idiota en la cara, pero ver a los padres de Manu era como infiltrarse en una película romántica ambientada en la Toscana. Sentí envidia cuando pensé en mi familia, lo nuestro era más un thriller psicológico o una tragedia.
- Nena, despierta. Se les ve empalagosos, lo sé - le salió una risa contagiosa - Pero llevaban años intentando tener otro desastre de hijo como yo. Espero que no sea tan trasto.
-Es mágico… Parecen dos actores que podrían ser modelos, protagonizando una película romántica…- me di cuenta de lo moñas que sonaba y me giré rápidamente hacia el horno, dónde estaba Manu.- ¿Qué hay de comer?
- Dorada a la sal, ensalada y verduras.- sacó la bandeja del horno con la dorada. Sonreí.
-¿Sabes lo que me gusta de que tu madre esté embarazada? Que hace una comida perfecta.- dije riéndome.
- Y está feliz. Lu, ¿estás segura de quererlo decir? Yo… bueno, pienso que si lo vamos a dar en adopción no hace falta decirlo. No sé, no me hagas caso. Estoy muy nervioso. Sé que mis padres nos ayudarán pero… - comenzó a bajar la mirada, siempre lo hacía cuando se preocupaba, se ponía nervioso o no sabía qué hacer. - Lo siento, nena. Soy un desastre para estas cosas. No soy tan resolutivo como tú.
-No hace falta decirlo.- miré hacia el jardín, con un bol de ensalada que Manu me había alcanzado. Me dolía, sentía como si hablara de un error que hubiéramos cometido. Sabía que no lo habíamos hecho bien. Pero a veces… solo a veces… sentía que no quería separarme de lo que crecía dentro de mí. Quería enseñarle un mundo que a mí me habían negado, sabía que era una locura, pero… -Total, lo vamos a dar en adopción.- dije mientras andaba hacia el jardín.
- Haré lo que tú quieras hacer - me siguió.

La comida estuvo especialmente rica, desde la casa de la tía Hannah, no había vuelto a comer comida casera de las que hacen las madres… Tienen siempre un toque que nadie más puede dar. Gio estuvo riéndose y charlando durante toda la comida, como ella decía “la sangre italiana que corría por sus venas la hacían pasional y cautivadora”, Álex soltaba de vez en cuando un comentario y, en general, se dedicaba a mirar a Gio como si fuera la única maravilla del mundo y las otras siete dejaran de tener importancia a su lado… Y Manu, se limitaba a contestar a sus padres en alguna pregunta. Yo sonreía, sus padres eran maravillosos. Observando aquella comida familiar mi mente se elevó y empezó a plantearse cómo habría sido mi vida si me hubiera criado en una familia “normal”, quizá no estaría embarazada con 16 años y quisiera ser médico y…
-Lu, cariño, ¿vas a querer postre?
-Me encantaría, gracias.- dije levantándome, cogiendo mi plato y el de la madre de Manu.
- Esperad un momento - Manu se puso de pie y respiraba con dificultad. No sabía qué hacer con las manos. Si estuviéramos sentados en el parque, como muchas veces hacíamos, hubiera arrancado todo el césped de su alrededor. Yo me quedé sin respiración. No, por favor, que no lo dijera ahora. Aunque si lo decía… quizá no pensase que fuera tan error como me hacía creer todo el mundo continuamente, excepto Martina. Ella me comprendía el noventa por ciento de las veces, eso me gustaba. Me hacía confiar en ella y acudir muchas veces a sentarme con ella en el sofá, a charlar. Manu se me acercó y me cogió de la mano- Mamá, siéntate un momento.- sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.- Lu y yo queríamos deciros algo…- ¿Y si me echaban de su casa? ¿Y si no me volvían a dejar acercarme a Manu? Empezaba a dolerme la cabeza. Miré fijamente los platos de la mesa, no podía mirar a la cara de Gio y Álex.- Lu está embarazada - Manu me apretó la mano. Yo solo pensaba que aquello había sido la peor idea del mundo.
-Lu, cariño, ¿por qué no te quedas a dormir?- levanté la mirada hacia Giovanna, nerviosa y sorprendida. El padre de Manu se notaba que estaba más aturdido.
-¿Embarazada?- me di cuenta de que Alejandro miraba a Manu y no a mí, mientras tensaba la mandíbula.
- Sí, papá. Y lo vamos a tener. Espero que nos comprendáis y nos apoyéis. No os pediré más nada. Solo comprensión.
-¿Tú no sabes lo que son los condones? - yo me mantenía callada, vi que Gio me sonreía. Se mostraba tan tranquila… La madre de Manu ya me gustaba, pero en aquel momento supe que habría puesto mi vida en manos de aquella mujer.
- Mamá, por favor, prepara el postre. Lu, ve con ella.
-Te he hecho una pregunta, Manuel.- supe que Manu intentaba protegerme.
Su madre se levantó y me cogió la mano que hasta ese momento me tenía sujeta Manu. La seguí hasta la cocina.
-¿Qué ocurrió?
-Se rompió el condón. -dije en un hilo de voz. Ella asintió mientras sacaba unas copas blancas de la nevera.
-No quieres abortar.
-No… -cambiaba mi peso de un pie al otro.
-Me parece bien.
-Habíamos… he pensado en darlo en adopción…- Gio asintió de nuevo.
-¿Te apetece bañarte en la piscina?- yo la miré de nuevo sorprendida. Ella se acercó y ni corta ni perezosa, me levantó el vestido, observándome.- Se te empieza a notar la tripita. ¿De cuánto estás?
-Unos tres meses… supongo…- las lágrimas empezaban a agolparse en mis ojos, últimamente lloraba cada cinco minutos. Gio se acercó de nuevo y me envolvió en sus cálidos brazos.
-Saldrá bien, pequeña.- le devolví el abrazo. Esta vez las lágrimas salieron a borbotones de mis ojos, mientras se amontonaban en mis pestañas y se deslizaban por mis mejillas como si montaran en tobogán. El abrazo era ligeramente lateral, así que no podíamos abrazarnos bien, la tripa de Gio nos lo impedía, pero sentí aquel abrazo como uno de los que jamás había recibido de mi madre. Se separó unos centímetros y me cogió la cara. - Tranquila ¿sí?
-Sí.- dije mientras ella me secaba las lágrimas.
-¿Te has hecho ya una eco? Yo mañana tengo una con mi ginecólogo. ¿Quieres venir?
-Claro, señora Minnelli.
-Llámame Gio, Lu.- sonrió.- Y ahora llevemos estas copas de yogur con frutas a la mesa.-  Asentí y cogí las dos copas que me ofrecía.


MARTINA
No había imaginado a Alba mirando la típica película romántica de parejas enamoradas que se sientan a ver la tele en un momento moñas, abrazadas. Pero allí estábamos, mientras Nicole Kidman moría en brazos de Ewan McGregor, mientras él lloraba trágicamente al ver como moría el amor de su vida. Intentaba ocultar las lágrimas mientras miraba la pantalla para que la visión no se tornara borrosa. Alba no decía nada, estaba tumbada entre mis piernas, con su cabeza en mi pecho, mientras yo le acariciaba delicadamente el pelo.

-No me guzta que la chica mueda.- Almu fruncía el ceño mirando la pantalla, mientras se escondía tras la manta verde de cars de la que no se separaba, sentada entre las piernas extendidas de Alba.
-A mí tampoco, chiquitina.- Siempre me había encantado la película de Moulin Rouge, aunque cada vez que la veía me hacía llorar y emocionarme como la primera vez. Era raro que Alba la hubiera dejado haciendo zapping, creí que íbamos a poner una de niños.- ¡Bueno! A la cama, enana.- dije mientras me levantaba.- ¿No crees, Alba?- vi que Alba asintió con los ojos brillantes, ¿habría llorado? Sonreí al pensar que en realidad era una sensiblona.
-No quero.Quero esperar a Boo.- dio un pequeño bostezo.
- Mocosa, ¡a la cama he dicho! O te las verás con una lluvia de golpes de almohada. Quedas avisada. ¡Vamos! - la vi restregándose los ojos y sorbiéndose la nariz. Sí, había llorado con la película. Increíble pero cierto. Alba era toda una caja de sorpresas. Al ver que Almu no se movía del sofá, se levantó y la cogió entre sus brazos. Se le notó una ternura que sabía que tenía, pero que nunca quería mostrar.- Venga, te llevo yo. Despídete de esta tonta - me la acercó para q me diera un beso de buenas noches, Almu rió y me plantó un sonoro beso en la mejilla.
-Buenas noches, Almu.
-Wenas noches, Matina.- Almu apoyó su cabecita sobre el hombro de Alba y cerró los ojos, estaba agotada. Llevaba colgando de su manita la manta de Cars, que se tambaleaba mientras Alba subía las escaleras con ella en brazos.
Sonreí y me dirigí al salón de nuevo, cogiendo el bote de palomitas que nos habíamos zampado y recogiendo los vasos de agua. Una vez en la cocina, escuché el sonido de la puerta y como cerraban despacito, Lu no tardó en aparecer en el marco de la cocina.
-¡Hola!
-Hola,- sonreí.- ¿Cómo ha ido?
-¡Genial! ¡Gio lo ha comprendido tan rápido! Su madre es un amor, bueno y el padre. Y la madre también está embarazada y mañana vamos a hacernos una ecografía y…
-Espera, espera. Calma.- dejé de fregar el bol de las palomitas.- Creía que le ibas a pedir a Alba que te acompañase a la primera eco…
-Sí, bueno… pero ha surgido así… Y Gio me comprende, me gusta estar con ella Martina. Es como si de repente tuviera una madre.
- Me abandonas por tu suegra. Muy bonito - Alba sonrió, apareciendo por la cocina tras haber dejado a Almu en su cuarto - Claro, yo no te comprendo, y el estar a mi lado es todo un suplicio
-Es que ella es mamá… Tú eres la hermana chalada.- Lu sonrió y le dio un beso a Alba en la mejilla. Yo secaba el bol mientras las miraba sonriendo.
- Vete a la porra, anda.
-Bueno, me alegra que lo hayas pasado bien.- Lu dio una vuelta por la cocina, se la veía feliz.
-¡Incluso nos hemos bañado en la piscina! Ha estado genial… - miró a Alba.- Le he dado tu dirección, mañana a las nueve y media viene a recogerme para ir al médico. Y Manu también viene… Si quieres venir...

ALBA
Negué con la cabeza la invitación de Lu. Ya bastante aguantaba con la decisión de ella de seguir adelante con el embarazo, para que me metiera de sopetón a toda la familia del capullo versión dos de Martina. Lu parecía cansada, se despidió y sin más subió a su habitación, bueno… a la habitación de invitados, pero ya se había apropiado de ella, junto a Almu.
Ayudé a Martina a terminar de limpiar la cocina, no sin intentar rozarme de vez en cuando con ella, o darle algún empujoncillo, o agarrarle el culo. Era algo superior a mí tenerla a mi lado. Siempre se me aceleraba el corazón, los nervios afloraban solo con verla, y si ya había algún contacto… ¡tierra trágame!
-Te quiero.- sus manos se colocaron detrás de mi cuello, y sus labios buscaron los míos. Me dio un pequeño y ligero mordisco en el labio inferior y agarrándolo con sus labios, tiró de él, suavemente. - Te quiero, Alba.- Sus labios se posaron esta vez sobre mi mandíbula y fueron dibujándola hasta llegar a la oreja, dónde sus dientes volvieron a dar un sutil mordisco, pero esta vez en el lóbulo, mientras su respiración se confundía con la mía y escuchaba como empezaba a agitarse. No sé cómo lo hacía, pero siempre me desarmaba. Me dejaba indefensa ante ella. No me gustaba que me vieran así.
- Lo sé, soy irresistible - quise hacerme la chula, la dura, pero sabía perfectamente que este truco, con Martina, no valía una mierda. Su risa invadió enseguida la habitación. La agarré por la cintura y me la acerqué todo lo posible. Ya estaba a mil y solo me había besado. Debía estar acostumbrada a ello, pero no me hacía a la idea de que un beso pudiera excitar tantísimo. Mis manos recorrieron toda su espalda, de arriba a abajo, de abajo a arriba, terminando en su culo donde la agarré y la alcé hasta sentarla en la encimera. Ella entrelazó sus piernas en mi cintura e inclinó la cabeza hacia un lado, mientras enredaba sus manos en mi pelo. Recorrí ese lado de su cuello con pequeños besos y leves mordiscos hasta llegar a su hombro. Allí el mordisco fue más intenso, mientras mi lengua zigzagueaba en él y de su boca escapaba un leve gemido. Sabía que era una de las zonas más sensibles que tenía y me encantaba cuando gemía al morderle allí.

-Me muero por estar dentro de ti. Me tienes muy perra.- Martina abrió los ojos y me miró, supe enseguida lo que había en ellos, la dilatación de sus pupilas, sus mejillas ligeramente más rosadas que lo normal, la respiración entrecortada… Deseo, era deseo, lujuria. Sus manos buscaron ávidamente mi camiseta y la levantó, mientras yo ascendía mis brazos. Ella tiró la camiseta a un lado y sus piernas se enredaron más fuerte en mi cintura, impidiendo que el aire pudiese pasar entre nuestros cuerpos.
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